Rodrigo Arteaga: “El arte para mí tiene la posibilidad de pensar colectivamente algo antes de que sea totalmente dicho”

“Si bien la relación entre el arte y la naturaleza siempre ha sido una constante, por lo mismo es algo que está en permanente cambio y por lo mismo debemos seguir cuestionándonos, ahora que estamos en una crisis grave medioambiental, urge plantear respuestas a esto. Redefinir qué entendemos por naturaleza y cuál es nuestro lugar. Cuál es el límite de la actividad humana en relación a esto para dejar que florezcan y sobrevivan múltiples formas de vida”, asegura el artista visual residenciado en Valparaíso.

Rodrigo Arteaga en su taller de cerro Arrayán, Valparaíso. Fotografía © Raisa Bosich.

Sergio Guerra

De septiembre a noviembre de 2021, en el Museo de Artes Visuales de Santiago (MAVI) se exhibió “Diorama en expansión”, una expo de Rodrigo Arteaga (Santiago de Chile, 1988), artista visual radicado en Barrio Puerto de Valparaíso, por ahí detrás de La Matriz subiendo por la Población Márquez se encuentra su casa-taller en la cual desarrolló esta expansión del artefacto clásico de conocimiento de la naturaleza nominado “diorama”.

A Arteaga le tomó unos tres años de trabajo más menos hasta dar con el resultado de la expo, registrado en un pequeño libro, editado este año, de portada blanca, agujereada por quemaduras como las que deja la caída accidental de la ceniza de un pucho en las cosas. Al abrir el libro pillamos en su reverso interior la imagen de un bosque junto con un código QR que nos lleva a un audio en que pareciera que escuchamos el sonido de los pájaros en el bosque, aunque nos aclara un texto que se trata de una grabación que Rodrigo junto a su hermano realizaron en cuarentena utilizando elementos caseros, con los cuales imitaron el sonido del bosque de “Cole-Cole” a velocidad ralentizada. Una vez que la imitación casera fue puesta a mayor velocidad apareció el sonido del bosque chilote.

Arteaga es egresado de artes mención grabado por la U. de Chile (2012), y realizó un master en la University College London (2018).  Ha sido parte de más de una docena de exposiciones colectivas en varios continentes: Praga, Valparaíso, Chiloé, Hong Kong, Santiago, Caracas, Lima, Madrid, Puerto Rico, Moscú, París, La Paz, Buenos Aires, Londres, Lyon, Dijon, Berlín. Entre sus muestras individuales destacan “Diorama en expansión”, ya mencionada; “Placed into abyss” en Kostka Gallery/Meet Factory, República Checa; “This path one time long time ago” en la Natural Science Gallery del Potteries Museum en Reino Unido; y “Just as the daylight was fading” en el Sobering Galerie de Francia. En la actualidad, lleva a cabo una residencia en Bristol, Reino Unido, y participa de una expo colectiva en la Galería Arnolfini de la misma ciudad.

Las obras de Arteaga se acercan al misterio de la naturaleza y la vida frágil de multiformes y peculiares especies vegetales y fungis sobre las cortezas o en rinconcitos húmedos, amenazados por la presencia humana, desplazadas y llevadas hasta su desaparición en el antropoceno; de todo esto hablamos una fría y lluviosa mañana de junio en Valparaíso.

Croquis del montaje «Diorama en expansión». Fotografía © Rodrigo Arteaga.

Hacia una poética de la fragilidad

Sergio Guerra (S). ¿Qué hay detrás de la idea del “diorama en expansión”?

Rodrigo Arteaga (R). La idea del diorama en expansión de alguna manera se volvió una reintepretación del diorama del museo de historia natural, con la idea de darlo vuelta, de abrirlo, de preguntarle cosas, despertarlo un poco como lenguaje, pero también se armó esto desde la zona central, con un paisaje más ocre, seco, de monocultivo, quemado; habían cortezas de árboles, papeles que exhiben el vacío que queda, la grilla del monocultivo, paisajes que se ven por acá; el pino y el eucalipto.

S. La expo fue curado por Carolina Castro…

R. Con ella hemos trabajado en varios proyectos, ahora mismo estamos preparando otra para fines de octubre, que se va a inaugurar en el MAC Quinta Normal, por eso andábamos en isla Navarino en el Cabo de Hornos, estudiando la diversidad de líquenes que se encuentra allá. Va a ser como una especie de diorama distinto, basado en los bosques antárticos, en particular en los líquenes, es una zona que tiene la mayor diversidad de líquenes en el mundo.

S. En tus historias de instagram vi que andabas en medio de la nieve.

R. Subimos al cerro la Bandera, justo arriba de Puerto Williams, y claro, arriba ya estaba nevado, en la alta cordillera, estaba hermoso. En los días que vinieron comenzó a bajar la nieve, así que alcanzamos a ver justo los musgos, los líquenes y hongos antes de que se tapara completamente el bosque, cuando nos fuimos ya estaba nevado hasta abajo.

S. ¿Qué descubriste en ese viaje?

R. Nunca había visitado un bosque tan austral, de hecho es de los más australes del mundo, y por lo mismo tiene unas condiciones muy únicas, con una alta variedad de especies endémicas, era realmente impresionante, onda, dabas un paso y veías cada corteza, suelo, roca, cada elemento era sustrato de unos organismos increíbles que yo no había visto nunca. Seres muy sensibles a la contaminación atmosférica, las ciudades terminan por expulsar a estos líquenes, sobre todo aquellos que son fruticosos, aquellos que se levantan o son tipo hoja, esos son más sensibles a la contaminación, que baja con la lluvia y no les permite crecer. Además crecen súper lento, habían algunos hongos maduros que crecen de este porte [extiende su mano] se demoran entre 50 a 100 años, e incluso algunos que crecen así [extiende ambos brazos] pueden demorar hasta 5.000 años en crecer. Aprendí mucho en verdad, conversando con gente de la zona, observando, trabajando con un equipo de científicos, está por allá Ricardo Rossi, biólogo y filósofo que está a cargo del Parque Omora, que es una zona de conservación al lado de Puerto Williams, donde hicieron los observatorios de líquenes, que ellos llaman eco turismo con lupa. Apreciación de micro organismos que muchas veces no los percibes pero si te acercas puedes descubrir la increíble diversidad que existe.

S. ¿Todo esto va para tu expo de octubre próximo?

R. Sí, todo esto se va a mostrar en el MAC y será parte de otra publicación también. Es interesante pensarlas juntas por que el diorama era en expansión, grandes esculturas, un árbol levantado, otro caído, un diorama de grandes dimensiones. Pero ahora todo será en micro escala; micro pinturas, micro esculturas. Es una prueba con el qué pasaría en una expo de arte con esta idea de apreciar con lupa. Estos científicos hablan de la lupa ética; un tipo de mirada que pueda cambiar tu consideración de lo que es la idea de naturaleza. Cómo ampliarla para comprender a seres con los cuales nos cuesta relacionarnos por su pequeñísimo tamaño.

Fotografías © Rodrigo Arteaga.

Otros desplazamientos, otros ámbitos

S. El próximo 9 de julio inaugurarás una muestra en la galería Arnolfini, en Bristol, UK, que se llama “Forest: Wake this ground” en el afiche también se lee “Explore the forest with…” luego viene una lista de nombres entre los que aparece el tuyo. Ahora vienes de una exploración en un bosque real, ¿cómo será esto de explorar un bosque dentro de una galería de arte?

R. Esa expo se viene súper interesante. La invitación para mí es en dos partes; la primera son la serie de 72 monocultivos que aparecen acá en el libro del MAVI; estos papeles quemados que dibujan la silueta de pinos y eucaliptos, como una especie de grilla o lenguaje que se vuelve una forma de ordenar, o forma de escritura de fuego o del vacío. Para mí son herbarios de vacío. Entonces por un lado me invitaron con esa serie completa, y además me invitaron a pensar en una escultura nueva, entonces ahí me encuentro con las dificultades de trasladar materiales orgánicos, el SAG no te permite trasladar una corteza encontrada en el bosque, entonces les propuse hacerla allá. Ellos justamente están asociados con la University of the West of England y me van a prestar un taller en la Facultad de Artes que justo queda en un bosque que se llama Leigh Woods, administrado por el National Trust, que es gigante y colinda con Bristol.

S. Buena, bacán…

R. Justo el taller está ahí. E investigando, llegué a reunirme con algunos ecólogos y un forester, un guardabosque, es bonita la palabra, es como el bosqueador, y ahí conversando me contó de una enfermedad que está atacando a los fresnos, que los está extinguiendo casi. El fresno es un árbol importante que está siendo atacado por un hongo que le llaman ash dieback. Se estima que en los próximos años va a morir el 95% de todos ellos. Así que pensé en trabajar con estos árboles, iré a explorarlos desde un punto de vista escultórico. Luego en la misma universidad me quedaré haciendo una residencia para investigar la manera de plasmar hongos en dibujos y grabados, todo esto en el Center for Print Research quienes me van a ayudar a hacer dibujos no humanos en que el micelio dibuje, quizá hacer cámaras de crecimiento, con escaneos, fotos o papeles con sustratos que nos permitan visualizarlos y eso ojalá traducirlo a imagen, en grabado o fotograbado, aún no sabemos, vamos a experimentar durante 3 meses. También existe la posibilidad de imprimir en 3D con material inoculado con esporas que posteriormente broten.

S. A propósito de estos desplazamientos geográficos, tu tienes tu casa y tu taller en Valparaíso, antiguo puerto lleno de catástrofes ecológicas brutales como las zonas de sacrificio que nos rodean, hace poco se terminó de secar la laguna Peñuelas, es una de las ciudades con menos árboles por metro cuadrado en Chile, cómo te relacionas con esta urbe y su territorio en relación al trabajo que has venido realizando.

R. De hecho es una de las regiones que tiene muchas zonas de sacrificio con industria muy dura, hay casos de contaminación brígidos, siempre están pasando cosas terribles, incendios, y bueno, el eucaliptus es parte del paisaje, yo vivo acá más cerca de Playa Ancha y he ido varias veces a Laguna Verde, que es un bosque de puro pino. Hay más especies en las orillas de los acantilados, donde se conservan algunos corredores ecológicos importantes para la biodiversidad pero es muchísimo pino y eso tiene unas consecuencias tremendas. Este es mi paisaje hoy, lo que moldeó mi expo.

Todos estos trabajos los hice caminando por los alrededores de Valpo, los troncos, las maderas quemadas, los picorocos los encontré al ir caminando por Ventanas que es una imagen brutal del antropoceno. Eso es lo que he tratado de asimilar en esta idea del diorama, tratar de reflejar el extractivismo, las zonas de sacrificios, todo el choque, el exceso de ganancias de unos pocos a costa del sacrificio de todas las especies, y ahí uno se pregunta cuál es el costo del progreso. Y de alguna manera se intenta actualizar el dispositivo del diorama que por siglos ha servido para representar paisajes que, a pesar de todo, construyen una cierta idea de naturaleza que se enseña, por ende construye conocimiento desde una ficción. Partí entonces con la pregunta por el cómo actualizar este dispositivo de conocimiento de la naturaleza, ahí comienza a aparecer la grilla, el bosque reticulado, la tala, en que arrasan-queman-arrasan-queman lo que es un manejo irresponsable de las condiciones medioambientales, incrementa el déficit de agua y genera un fuerte impacto en la zona.

S. Me parece interesante la idea del diorama cuando observo varias de las estructuras orgánicas que tú presentas, intervenidas por una retícula geométrica que las atraviesa y las organiza. Lugar en que son puestos los elementos, un borde de yuxtaposición de estas dos formas; lo orgánico y lo racional-geométrico. Empujados ya a una lectura del “diorama en expansión”, pienso en que esta es la imagen de una distopía que estamos viviendo, y me pregunto acerca de la penetración del pensamiento racional en la forma orgánica ¿cómo podría darse su contrario? ¿Cuál sería la forma de un pensamiento que no fuese invasivo, en términos visuales?

R. Lo que dices es muy como lo pienso yo, esta geometría, este choque entre ser árbol y el uso de la industria, la retícula habla físicamente de la instrumentalización de la naturaleza. Transformarla matemáticamente en un orden. Esa colisión para mí es muy interesante de reflejar en la escultura por que también refleja una condición humana de uso y abuso. Y por el otro lado es la resistencia, como los casos de los parques que hemos conversado. Entonces tenemos dos formas de la condición humana, por un lado la conservación de la naturaleza y por el otro lado la total destrucción de ella.

Creo que la forma no invasiva sería el bosque nativo, no interrumpido. Su uso responsable, por ejemplo con el forester de Inglaterra, él me hablaba que también plantan pino y eucaliptos en el bosque pero en la escala que lo hacen lo pueden manejar mejor. Pero en Chile no pasa eso, hay un exceso de pinos y eucaliptos que comenzaron a crecer descontroladamente desde la dictadura, cuando las forestales incrementaron su poder. Hay una historia mucho más difícil acá. Entonces la respuesta a esta crisis es su opuesto, promover el bosque nativo que está comprobadísimo que ayudan a restaurar el flujo de las aguas, y a mantener la salud del suelo que en el fondo es también nuestra salud.

Fotografías © Jorge Brantmayer.

Nueva ética para habitar el mundo

S. Hay una relación ancestral del arte con la naturaleza, los primeros dibujos dentro de las cavernas fueron bisontes, representaciones de animales, las primeras divinidades también fueron animales y existía una vinculación con el entorno que se mantiene entre los pueblos indígenas que podrían mostrarnos un camino que hemos perdido al adoptar esta forma racional de habitar el mundo. Es curioso que el arte que siempre ha estado vinculado con la naturaleza de pronto pareciera que llega a un grado de racionalidad máximo, a mediados de las años 20 con el geometrismo y la abstracción mientras que lo que estás haciendo acá es volver a pensar una nueva ética para habitar el mundo y volver a establecer una relación entre naturaleza y humanidad. ¿Qué rol juega el arte en medio de este desafío que tenemos como especie?

R. El arte para mí tiene la posibilidad de pensar colectivamente algo antes de que sea totalmente dicho, o que esté fijo. Si bien la relación entre el arte y la naturaleza siempre ha sido una constante, por lo mismo es algo que está en permanente cambio y por lo mismo debemos seguir cuestionándonos, ahora que estamos en una crisis grave medioambiental, urge plantear respuestas a esto. Redefinir qué entendemos por naturaleza y cuál es nuestro lugar. Cuál es el límite de la actividad humana en relación a esto para dejar que florezcan y sobrevivan múltiples formas de vida.

También esta idea tan católica de la escala naturae, que pone al ser humano sobre la naturaleza. Idea bíblica que plantea que la naturaleza debe servir al hombre. Cada época cambia esta relación y por eso urge actualizarla. Me interesa pensarla desde el contexto chileno y a partir del diorama buscaba subvertirlo. En vez de una ventana que uno ve desde afuera y que plantea un teatro, yo busco mostrar lo teatral, es un diorama en el que uno entra, que se escucha y te muestra los impactos negativos en la naturaleza de Chile, en particular. Me han llegado varios comentarios de personas que se han emocionado mucho al entrar. Conectaron emocionalmente con los problemas. Hay tanta información dando vueltas que uno queda en estado de shock, entonces faltan más formas de aprenderlo y comprenderlo, más intuitivas y emocionales.

S. Esta y otras obras están pensando los problemas medioambientales, podemos visualizar toda una genealogía para atrás, donde Cecilia Vicuña ocupa un lugar central. ¿Quiénes son tus precursores, quiénes han sido influyentes y significativos para tu exploración artística?

R. Muchísimos artistas, Cecilia Vicuña sin duda, la idea del arte precario, siempre me ha obsesionado la idea de ver esculturas o instalaciones o arte frágil. Vicuña y sus Precarios [1966] es un gesto que sería hermoso mantener dentro del sistema del arte. La fragilidad es parte de la experiencia humana. Quizá otras cosas responden a otras lógicas como mover una cosa de un lugar a otro más fácilmente, eso determina el material que se ocupa y a veces son limitantes también. He tenido varios referentes; Marc Dion por ejemplo o Giuseppe Penone, cuando talla las rocas imitando el sonido de la erosión del río. Roberto Obregón con su disección de las rosas, las rosas enfermas. Son muchísimas las referencias, pero sobre todo las amistades, las conversaciones. Ver qué están haciendo siempre es importante. Colegas y amistades son las referencias clave.

Diorama en expansión, Museo de Artes Visuales, 2021.

  1. «Árbol retícula», Corteza y junquillos de pino, 230 x 35 x 36 cm.
  2. «Pintura de paisaje: austromegabalanus psittacus». Palos de maqueta y austromegabalanus psittacus encontrados, 58,5 x 48,5 x 5 cm.. 
  3. Panorámica exposición ©Jorge Brantmayer.
  4. «Pintura de paisaje», 120 x 100 x 12 cm.
Sergio Guerra (Santiago, 1989). Escritor, investigador, docente. Es­tudió Artes, Literatura y Filosofía. Tras cuatro años de viaje por el continente, se radicó en Valparaíso, donde ha coordinado eventos poéticos, principalmente a través del colectivo Kontranatura. Tam­bién se ha dedicado a la creación de brebajes psicodélicos. Como docente imparte el curso de Culturas Visuales y Pensamiento Visual. Como investigador aborda la noción de carnavalización de la polí­tica, el arte y la literatura chilena en el siglo XX; la teoría de la crea­ción; y la veta de estudios culturales abierta por Mark Fisher. Publicó Fiebre (2018) y Tectónica de Clases (2020). Hizo parte de la antología En Verano [Muestra del novísimo relato de la región de Valparaíso], publicado en el n° 5 de nuestra revista.

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