“Una situación provisoria”. Sobre «La contracorriente. Los días de Allende» de Guillermo Atías

Pablo Aravena Núñez presentando La contracorriente. Los días de Allende de Guillermo Atías. Centex, Valparaíso, 26 de septiembre de 2025 © LAM.

Este libro nos deja instalados, perplejos ante el pasado, con una pregunta eterna: si hay quien puede calcular perfectamente hacia donde vamos y cómo decantarán los hechos, ¿por qué no hemos sabido parar o cambiar de dirección a tiempo?

Pablo Aravena Núñez


“Escucha muñeca, ¿sabes? es una guerra, decía el patrón, lo que sostenemos es una guerra. Nos costó entender eso, pero ya lo sabemos bien. Por lo demás lo aprendimos de ustedes, la lucha de clases, la dictadura del proletariado y todo eso. Bueno, vamos a aceptar esa lucha de clases, vamos a hacer nosotros esa dictadura, pero no del proletariado, por supuesto. No con palabritas, ni con manifestaciones gritonas por las calles, sino como se debe, como debe ser una dictadura”.

Guillermo Atías, La contracorriente. Cap. 13.

“No contamos aquí la historia de la UP, otras películas lo hacen y se necesitarán muchas para expresar la riqueza de esos tres años. Queremos explicar cómo la derecha chilena hizo de esos tres años una máquina infernal que comienza antes de la elección de Allende; una espiral hacia la explosión…”

Armand Mattelart, Valérie Mayoux, Jacqueline Meppiel, La Spirale.

El escritor chileno Darío Oses, el 2017, en un ensayo crítico sobre la obra de Guillermo Atías, señalaba:

La contracorriente se publicó en 1978, en París, en francés con el título de La sang dans la rue, que alude tal vez al verso ‘Venid a ver la sangre por las calles’, con el que Neruda concluye el poema ‘Explico algunas cosas’, de España en el corazón” […] “Esta novela cierra el ciclo narrativo de Atías, que comprende el largo proceso que va desde el gobierno del Frente Popular al de Salvador Allende. Desafortunadamente no llegó a publicarse en español, en su versión original. Además de la traducción al francés se publicó en ruso, en Moscú, en los números de enero y febrero de 1978, de la Revista de Literatura Extranjera. En español solo conocemos los fragmentos que publicó la revista Araucaria de Chile ese mismo año. Sería interesante dar con el paradero de los originales de esta novela”.[1]

Tenemos entonces acá un primer gran mérito del responsable de la presente edición 2025, Rodrigo Sánchez.

Guillermo Atías, quien nació en Ovalle en 1917, y luego se trasladó a Santiago, pasando por Quillota, para estudiar en el Instituto Nacional y luego en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, murió en París el 8 de noviembre de 1979. Iba camino a asumir un cargo en L’École normale supérieure de Saint-Cloud, cuando sufrió un infarto y estrelló su auto contra un muro.

El autor escribió La contracorriente entre julio de 1974 y febrero de 1976, en el exilio, entre Francia y México, esto es casi inmediatamente después del Golpe. Sin embargo, Guillermo Atías pareciera estar ya muy lejos de las “ardientes brasas de los acontecimientos”, o, todo indica, que pese a estar involucrado activamente en el proyecto de la Unidad Popular, Atías logró sostener siempre una distancia respecto del “juego de las pasiones”, al filo del escepticismo, lo que le permitió, desde la novela (detalle nada anecdótico), unas observaciones de extraordinaria lucidez, pero que al mismo tiempo pudieron resultar lacerantes para sus contemporáneos, al menos para quienes asumieron el compromiso político de manera trivial: con fe ciega, como un “hincha”, en el lenguaje de la época: como una “calcetinera”, o bien como una solución identitaria para huérfanos de cualquier tipo.

La solución narrativa que el autor adopta para llevar adelante una lectura descarnada –al tiempo que cariñosa– sobre la UP es la de instalar como personaje central a un periodista uruguayo que ha llegado a Chile, en 1971, con el encargo de realizar un reportaje novelado del proceso que se vive en el país. El personaje contacta con el círculo cercano de Salvador Allende, por lo que tiene información de primera mano, pero también ronda en cenas y cafés del barrio alto de Santiago, lo que le permite acceder a las estrategias de la reacción desde la primera fila. 

El rol de reportero extranjero, pero no ajeno a las dinámicas políticas latinoamericanas, viene a dar cuenta de la distancia exacta que el autor guardaba con el acontecer y que le permitía un espacio de reflexividad que, por aquel tiempo –y como se iban poniendo las cosas– sólo podía dar pie a acotaciones y juicios desde una heterodoxia para la cual la urgencia de las cosas no dejaba ya lugar. Es por esto que he señalado arriba como algo nada anecdótico que un intelectual comprometido con los procesos sociales de su tiempo, como lo fue Atías, eligiera la novela como género para plantear sus puntos (sus novelas anteriores, El tiempo banal, de 1954 y A la sombra de los días, de 1961, lo corroboran).

La siguiente cita sintetiza el tono narrativo de Atías. Reflexiona el reportero:

“Lo que se siente en Chile en estos días de la UP es estar viviendo una situación provisoria, como si se avanzara con mucha dificultad para alcanzar un nuevo equilibrio. Porque la sociedad burguesa a pesar de todo ofrece su propio equilibrio, una estabilidad corrompida si se quiere, pero real. El triunfo de Allende surgía como una amenaza al sistema desde donde había brotado, afectando todo el cuadro de costumbres” […] Tuve la impresión de que Chile se había transformado en un bullente laboratorio de experiencias políticas donde convergían todas las inquietudes y las grandes dudas de nuestra época. Pero me decía que un laboratorio es un lugar de estudio, un sitio cerrado y aquí la experiencia se realizaba a espacios abiertos gigantescos, en el ámbito de un país y con todas las clases chilenas trabadas ya en el combate”. (p. 57)

Imposible hoy para nosotros hacer una lectura que no esté atravesada por imágenes cinematográficas: La batalla de Chile (Patricio Guzmán, 1975), desde luego, pero pensando en esta última cita: La Spirale (Armand Mattelart, Valérie Mayoux, Jacqueline Meppiel, 1976).  

A penas ocurrido el Golpe de Estado el sociólogo belga, experto en comunicaciones y colaborador de la Unidad Popular, Armand Mattelart, fue expulsado de Chile. De vuelta en Francia se propuso de inmediato realizar un film que explicara al mundo lo que había ocurrido en Chile. Resultó un documental de ciento cuarenta minutos que tituló La Spirale[2] y que comenzó su circulación en Europa a mediados 1976. Hoy es más estudiado como filme que como fuente, pero el objetivo inmediato de aquella realización era denunciar y organizar la solidaridad internacional con Chile. En la conceptualización de Marc Ferro,[3] el filme quería no solo ser fuente sino agente dela historia. Creo que algo semejante se puede decir de La contracorriente y de todo lo que se publicó sobre la UP y el Golpe en el extranjero por aquel tiempo.

La spirale (El espiral), documental francés de Armand Mattelart, 1976.

Pero la referencia cruzada que deseo hacer entre La Spirale y La contracorriente, dice relación con su afinidad narrativa como también con su capacidad analítica, en efecto, se trata de un “documental de tesis”, una obra con un guion denso que apuesta por una explicación no lineal ni simplistamente causal del Golpe.[4] En la búsqueda del mejor recurso explicativo, en determinado momento del film se recurre a una suerte de tablero de ajedrez sobre el que se disponen doce figurines (creados por el diseñador belga Jean-Michel Folon), que representan a distintos actores de la política chilena: 1) el gobierno, 2) los partidos de derecha, 3) los partidos de centro, 4) los partidos de izquierda, 5) la oligarquía urbana, 6) los terratenientes, 7) la clase media, 8) el proletariado, 9) los estudiantes, 10) los capitalistas extranjeros, 11) las embajadas de los capitalistas extranjeros y 12) los militares. Tal como lo explica luego el guion, dichos actores sociales fueron definidos a partir del descubrimiento –mientras se editaba el film– de un “juego de simulación” encargado por el pentágono en 1965 a la Universidad de Cambridge, con el que se formaron generaciones de estudiantes de Ciencia Política, Derecho y Diplomacia: el juego se denominaba “Política” y se contextualizaba en un país imaginario llamado “Patria” que dependía de la explotación del cobre. La narración de La Spirale progresa: una mano hace avanzar a los figurines como peones, se topan, hacen alianza, se pelean, uno toma ventaja, otro inesperadamente cae hasta que el juego se cierra; las fuerzas revolucionarias internas son derrotadas y los grupos conservadores nacionales, aliados del capital extranjero, retoman el control.

Pero mientras La Spirale apuesta por cargar responsabilidad en los actores internacionales y el sabotaje norteamericano –cuestión suficientemente probada tanto por el informe Church del senado norteamericano del año 1975, como por los documentos desclasificados de la CIA en 1999, trabajados por el historiador Peter Kornbluh[5]–, La contracorriente asume un riesgo mayor al examinar las dinámicas internas de la UP. Guillermo Atías muestra cómo la UP se construyó un callejón sin salida: “la proeza de la Unidad Popular era desarrollar un programa revolucionario dentro de ese verdadero zapato chino de la legalidad” (p. 62). Atías parece inclinarse a sostener que en plena libertad de expresión no podía esperarse sino que las burguesías nacionales, asustadas, fueran propiciando una escalada, a la que la izquierda no se pudo resistir, generando un ambiente irrespirable, un cotidiano insoportable por unidimensionalmente político: “Los titulares eran más agresivos que de costumbre y no ocultaban los objetivos que se perseguían: ‘La población de pie contra el comunismo’, ‘Santiago repudia al régimen marxista’. Los periódicos de izquierda, menos numerosos evidentemente, exhibían otro aspecto del acto” […] “Quedaba la impresión de un verdadero campo de batalla”. (p. 44)

Este libro nos deja instalados, perplejos ante el pasado, con una pregunta eterna: si hay quien puede calcular perfectamente hacia donde vamos y cómo decantarán los hechos, ¿por qué no hemos sabido parar o cambiar de dirección a tiempo? Habrá muchas respuestas apelando a la contingencia, al caso a caso. Pero cuando uno ve que se repite lo mismo tantas veces quizá la respuesta sea cruda, de consecuencias incalculables, pero no por ello falsa: no lo hacemos sencillamente porque no queremos.

Guillermo Atías. La contracorriente. Los días de Allende. Editorial Malamadre, 2025.

Notas

[1] Oses, Darío, “La ciudad y sus tiempos en la obra narrativa de Guillermo Atías, en Anales de literatura chilena, Año 18, junio 2017, número 27, 181-191. Hasta ahora, al parecer nadie nunca hizo algún esfuerzo por publicar la obra en Chile. Editorial Malamadre publicó el pasado año … Y corría el billete. Novela tabloide, de Atías también.

[2] Armand Mattelart, Valérie Mayoux, Jacqueline Meppiel, La Spirale, Francia, Les Films Molière / Reggane Films / Seuil Audiovisuel, 1976, 139 min.

[3]  Ferro, Marc, “El cine: agente, producto y fuente de la historia”, en Diez lecciones sobre la historia del siglo XX, Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 2003, pp. 105-119.

[4] Aunque en 2006 la productora francesa Galatée films autorizó a la asociación de exprisioneros Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi a difundirlo en Chile, el documental hasta ahora es casi desconocido. A diferencia de otros films sobre la época jamás ha sido exhibido por televisión abierta. Según lo planteado al inicio de este texto su poca difusión se encontraría explicada por el primer tipo de censura, pues en el documental aparecen en su rol de boicoteadores y agentes políticos y empresarios hoy vigentes en la vida nacional.

[5] Kornbluh, Peter, Pinochet: los archivos secretos, Barcelona, Crítica, 2004.


Pablo Aravena Núñez (Valparaíso, 1977). Escritor, docente, investigador. Licenciado en Historia y Mg. en Filosofía por la Universidad de Valparaíso (UV), Doctor en Estudios Latinoamericanos, Universidad de Chile. Decano de la Facultad de Humanidades y Educación de la UV. Ha publicado como editor o autor: Valparaíso: patrimonio, mercado y gobierno (con Mario Sobarzo, 2009), Me­morialismo, historiografía y política. El consumo del pasado en una época sin historia (2009), Los recursos del relato (entrevistas, 2011), Representación histórica y nueva experiencia del tiempo (editor, 2019), Pasado sin futuro. Teoría de la historia y crítica de la cultura (2019), Un afán conservador. Intervenciones, reseñas y columnas (2019), La inactualidad de Bolívar. Anacronismo, mito y conciencia histórica (2022) y Vivir sin lengua. Cuando el tiempo ya no hace historia (2023) [Revisa en nuestra revista las entrevistas a Pablo Aravena los números 1 y 18 y los artículos ¿Podemos aprender algo de la historia? y El tiempo del trabajo]. Email: pablo.aravena@uv.cl

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