
Mauricio Tapia Rojo
Ascensor Reina Victoria
El alma de Frank Zappa está dividida en 4.
¿ah?
¿No cachai a Frank Zappa?
Ese loco volao, chascón. Como de los sesenta ¿o no?
De volao nada. Era un capo sin ninguna cosilla en el cuerpo. Imagínate la mente de ese hueón. Desbordaba su imaginación. Por eso tuvo que repartir en cuatro su alma.
¿De qué chucha estai hablando?
Frank Zappa llegó a un punto de su genialidad tan brígido, pero tan brígido que tuvo que llegar a una especie de nirvana. Esto no lo cacha nadie. Zappa logró encontrarse con las otras versiones de él. Esto me lo contó un maestro budista. Hubo un tiempo que fui a un taller de reiki y nos contó esta historia. Zappa estaba bloqueadísimo. Tenía tanta información en la cabeza que no podía tomar la guitarra, ni el teclado, ni tararear las melodías que le estaban creciendo en el cuerpo po hueón. Resulta que en los sesenta se encontró con el maestro de mi maestro. Un budista gringo buena ondi. Él le dijo que su cuerpo no podía albergar tanta música, así que debía abandonar parte de ello. Zappa estaba dispuesto a todo. Tanto que dijo yapo. Ósea no dijo yapo, pero se entiende. Zappa pasó unas pruebas locas, así como de purificación. Puta, no me acuerdo bien como era la hueá. Además, no es lo importante. Tamos. Zappa lo logró. La historia no oficial dice que se pegó un grito tan fuerte que lanzó una especie de rayo al cielo. Un rayo amarillo gigante saliendo de su boca y de sus ojos. Imagínate po hueón. Ese rayo se separa en tres en el cielo. Como cuando en Dragon Ball el dragón ya cumplió los deseos.
¿Y qué pasó después?
Zappa tenía la mente despejadísima. El cuerpo ligero. Se puso a componer como los dioses y se convirtió en el genio que todos cachamos. Menos tú.
Ya, pero ¿Qué pasó con las otras partes de su alma?
A eso iba. Eso es lo que importa en esta historia. Porque la historia no es una historia de Zappa ¿Me vai a creer que las tres almas cayeron en Sudamérica?
Yiaaaa, estai terrible locoo.
Una cayó en Brasil, una en Argentina y la otra adivina donde.
En ¿Chile?
Si po. La otra cayó en Chile. El alma cayó sobre músicos que estaban buscando eso que les faltaba. También tenían el cuerpo lleno de música. La cabeza llena de letras que se les repetían todo el día y no los dejaban dormir. En Argentina cayó sobre Carlos. Un pibito flacucho que era un capo de la música. Un oído extraterrestre y absoluto. En esos tiempos la música acá era terrible fome. Aun todo era demasiado correcto. Todo demasiado bailable. Todo demasiado buena onda. El pibito estaba caminando por las calles de Argentina, no me preguntís donde porque esa información no la manejo. Prende un pucho. Hacía frío supongo. Imagínate al pibito flaco caminando por esas calles grandotas de los argentinos. Buenos Aires, ponéle. Prende un pucho y el pucho se empieza a iluminar. Un color dorado. Un humo dorado hermoso. Se fuma el humo dorado o el humo dorado se mete en su cuerpo. El cigarro se consume completo y le quema la boca y parte del bigote. El pibito flacucho vuelve a su casa y se reencuentra con su piano. Casi magnéticamente se acerca y se pone a tocar fluyendo como nunca po hueón. La parte del bigote que se quemó le volvió a crecer, pero de color blanco. De ahí en adelante Carlos no quiso más que le dijeran Carlos. Desde ahí en adelante Carlos pasó a ser Charly.
Me estai diciendo que Charly García es una de las partes del alma de Zappa. Loco convida, estaban charcha parece.
La otra cayó en Brasil. Esta vez cayó sobre Raúl. Raúl tocaba música con su hermano de la vida. Este hermano de la vida terminó forrándose en lucas escribiendo puras hueás. Pero no es la historia de su amigo. Es la historia de Raúl. Y el Raúl también es un capo. Con el hermano de la vida tocaban en Bahía, hasta que los invitaron a Río de Janeiro. En Río le pegaron el palo al gato. Un día el Raúl se estaba tomando un copete solo. Quería despejarse. En volá no le pasaba ná, solo quería tomarse un copete. Por el copete no me preguntí, no retengo tanto detalle. Lo mismo que con el Charly. El copete se tornó dorado y el Raúl se lo mandó al seco. De una. Este farol no alumbra y hueás. Resulta que en la frente del Raúl empezó a brotar un ojo. Un ojo hueón, ¡un ojo! A través de ese ojo vio lo que el llamó una sociedad alternativa. Tomó un lápiz y en lo que encontró empezó a escribir esa canción. Esa canción que lo llevaría a la fama. Esa canción que lo llevaría a la cárcel y la tortura. Porque los milicos brasileros lo persiguieron. Aparte el Raúl se fue en otras volás más raras. Empezó a tener como delirios místicos. Empezó a ponerse esotérico. Empezó a creer en esa hueá de la ley de Thelema. No me hagai que te explique porque me da una paja gigantesca. Empezó a leer al Aleister Crowley. Ese loquito medio satánico, medio místico, medio alquimista. El Raúl no pudo con esa música en su cuerpo. No pudo con ese ojo que lo hacía ver cosas que no quería ver. El loco murió joven. De un paro cardiaco. Era alcohólico. Todo partió con ese copete dorado. El amigo ahora es un escritor millonario, y nadie lo pasa. Acá en Chile pocos lo cachan. Fue él quien creo la versión original de La Mosca de Cachureos Oye ¿me dai unas quemás?
Si, obvio.
Vale hermanito.
Oye ¿y el chileno?
Raúl.
No po, esa la acabai de contar.
Es que el chileno también se llamaba Raúl. Este Raúl vivía en el sur. Llego a Santiago a estudiar en el conservatorio. Formó un par de bandas, pero no le fue muy bien. Se empezó a vincular con la tele. Trabajó en la orquesta del programa de cabezón Francisco. Hizo de buzón en un programa para cabros chicos también. Igual que el otro Raúl, este loco también se fue en la volá mística política. Fue a un encuentro de iniciación a unos cerros cerca de la cordillera. Ahí un profeta argentino daría paso a dar las claves para salvar a la humanidad po hueón. No es ná hueveo. Y en esas, con la naturaleza de fondo, con la cordillera acompañando a los elegidos, Raúl siente que un aire dorado le entra por las narices. Así mientras meditaba. El Raúl siente paz, me imagino. Abre los ojos y dijo que era un hombre nuevo y también se coloca otro nombre. Pero no te lo voy a decir todavía pa que te saquís otro. El nuevo Raúl empezó a vestirse de forma extravagante. Empezó a hacer canciones de títulos extensos, demasiado raras para un tiempo de baladas y milicos. No cantaba bien, perdón “no canta bien” sigue vivo, pero logro hacerse un espacio en la tele de los ochenta haciéndose pasar por un loco simpático. El nuevo Raúl comenzó a escribir pulento. A reírse de todos en sus caras sin que nadie se diera cuenta. Ocupó hasta una de las figuras más potentes de la dictadura para enviar un mensaje “feminista”. El nuevo Raúl fue donde esta vieja, que tiene un vozarrón tremendo, y la vieja no entendió nada de lo que le explico, pero igual dijo que sí. Cantaron una canción sobre la liberación sexual de la mujer po hueón. Nadie entendió nada. El nuevo Raúl lo explicó clarísimo, pero aun así nadie lo entendió. El nuevo Raúl comenzó a ponerse una capa de mago y los interiores de un casco en la cabeza. Se volvió super popular. La gente lo quería. Hasta que llegó al congreso, pero la gente se ha puesto tan culiá últimamente. Todo lo extraño para la gente es peligroso. Todo lo extraño para la gente te convierte un payaso. Obviamente el nuevo Raúl sigue incomodando y eso es lo bacán de él. Por eso dejó de llamarse Raúl y empezó a llamarse Flor.
¿Florcita Motuda?
Si po, longi.
¿Y tú maestro de Reiki te contó todo eso?
Mientras nos bajábamos un vinito como este.
Mansa historia hermano. A todo esto ¿cómo te llamai?
Me dai otro pucho porfa. Vale. Me llamó Gonzalo, pero nadie me cacha por mi nombre. Ni a mi me gusta. Prefiero mi apodo.
¿Y cómo te dicen?
El Dengue.
Estación Bellavista
Están al lado de las vías del tren entre la estación Puerto y la estación Bellavista. Hay mucha gente. En su mayoría pequeños grupos de pendejos que se ríen fuerte. Que tienen parlantes con luces de colores. Que tienen bajos potentes. Que escuchan trap a todo volumen. Todos los grupos tienen un parlante. Todos tienen luces de colores y bajos potentes. Todos escuchan trap a todo volumen. Algunos fuman hierba, otros muelen y aspiran pastillas. Euforia. Vino en caja. Copete barato. Latas. Muchas latas. D arma un pito mientras F mira a los pendejos. D se ríe. F observa y se siente ajeno, se siente viejo. Se lleva la botella de vino a la boca. D prende el pito. Una calada honda y se lo pasa. F le pasa el vino. Fuma y la mira. Es bonita. Su tez es blanca. Su cara angulosa. Sus ojos verdes en forma de almendra. Se conocen hace poco. Se están conociendo. Aún no se aman. Han compartido el dolor de estar más solos que la chucha y eso basta. Se conocieron en Santiago. Él nunca va a Santiago. Fue por un trámite y se quedó en la casa de una amiga. D ese día estaba tomando onces (¿u once?) con la otra chica que vive en el depa y comparte gastos con la amiga de F. F saludó a ambas con un beso en la cara. D justo estaba con una tostada con palta en la boca. La toma por sorpresa y se ríe. Luego estaban, en el mismo departamento, borrachos besándose eufóricos en un rincón. Tiraron y al día siguiente se cagaron de la risa porque en verdad no habían tirado. Se siguieron viendo. F viajaba a Santiago. D Viajaba a Quilpué. Decidieron pasar el año nuevo juntos en Valpo. Quedaron de juntarse en Bellavista con unos amigos a las dos. Aún había tiempo pa ponerse a tono.
Estai super pegao ¿Qué te pasa?
Nada
En algo estai pensando
Si, cómo que no me gusta esta hueá
¿Fumar?
No
¿Tomar?
No
¿Entonces?
No sé, estos cabros están pa la cagá.
Hueón, es año nuevo. Todo el mundo está pa la cagá.
Pero cacha, son súper chicos.
Parece que el cambio de folio te está afectando.
Puta sorry que me afecten estás hueás.
Tú lo dijiste “hueás” ¿Podí pasarlo bien? O mejor dicho ¿Podemos pasarlo bien?
Sentís que te estoi cagando la onda.
No, o sea sí. Un poco. Loco disfruta. Es el primero de enero y tu estai pensando más de la cuenta. Estos cabros la tienen más clara que tú.
No sé trata de eso.
Van a ser las dos ¿Caminemos?
Se levantan. Caminan tomados de la mano, pero incómodamente. Beben sorbos de la botella de vino. Se fuman lo que les queda de pito. D saca un cigarro y lo prende. F le pide uno. F nunca anda con cigarros. D lo agarra pal hueveo. Se ríen. La tensión pasa. Se besan y se ríen. Ven a la gente. Ven a la masa de gente. Es cachá de gente. Se apoyan en los torniquetes de la estación Bellavista a esperar a su amigo, El Dengue, que se supone que venía con los demás. Nunca confirmaron nada. D saca otro pucho. F esta vez solo le pide unas quemadas. A pesar de que la estación está cerrada están las luces encendidas. La estación está llena de gente. Llena de pendejos jugando. Rompiendo ventanas y rajando afiches.
¿Qué chucha estos pendejos? Dice D
Te dije, dice F
Oye, pero les puede pasar algo ¿Cómo se cuelgan así? Dice D
¿Cambio de folio? Dice F
D no dice nada, pero lo mira con cara de “oh el hueón pesao”
Llámate al Dengue pa cachar donde vienen, Dice D
Están las líneas colapsadas aún, dice F
Ábrete el otro vino entonces, dice D
Deja terminar el pucho, dice F
Se escucha un golpe seco. Toda la gente mira hacia las vías del tren. Uno de los pendejos le tiró algo a otro, no se puede distinguir qué, y este quedó tirado en el suelo. El pendejo le sigue pegando. Le grita. Pega patadas bruscas, con rabia. Grita mientras le pega. Otro pendejo intenta detenerlo y recibe un puño cerrado directo a la boca a cambio. El recién golpeado se para, toma una botella de vidrio que estaba en el suelo y se la revienta en la cabeza. La gente se petrifica. D se petrifica. F se petrifica. Nosotros nos petrificamos.
¡Qué miran conchetumare! Grita el pendejo
Toma una de las piedras de la vía del tren y la lanza contra la gente. La piedra avanza en cámara lenta. Prefieres ver de arriba el horizonte. La piedra aterriza en plena cara a una chica que iba pasando. La chica pierde el equilibrio y cae al suelo. El cotillón que tenía puesto en la cabeza salió volando. El cotillón avanza en cámara lenta. Una especie de tiara formada con copas de espumante que dice “¡Este año sí!”
¡Oye que te pasa pendejo culiao! Grita un tipo que andaba con la chica. Amigo o pololo. No se identifica.
El tipo cruza la barrera del metro y avanza hacia el pendejo. Lo agarra del pelo y lo tira violentamente contra uno de los rieles. Pelos en el puño del tipo. El tipo siente un golpe en la espalda. Es una piedra. Siente otra en la pierna, en el hombro, en la nuca, en la oreja, en el alma. Los pendejos que estaban tomando en las vías comienzan a tomar piedras y lanzarlas contra el tipo. La gente, la masa de gente comienza a gritarles chuchadas escritas con rabia y con negrita. Los pendejos cambian de objetivo y comienzan a tirarles piedras a las personas. Llueven piedras. No son tres pendejos. Se incorporan todos, son más de veinte. Las piedras son lanzadas con odio, con gritos, con ganas, con algunas risas.
¡Que se meten feos culiaos!
¡Váyanse de aquí viejos culiaos!
Las piedras no dejan de caer. Llueven piedras. Todos se fueron al piso protegiéndose. D siente las piedras en la espalda. F siente un dolor intenso en una de las piernas. D grita. D llora. F contiene. F tiene rabia. F tiene miedo. La gente contraataca. Se mete a la estación y comienza a sacarle la chucha a los pendejos. Puños, piedras, patadas y chuchadas.
¡Vamos! dice F
La toma abrazada de los hombros y se alejan. Cruzan la calle. Intentan tomar una micro. Tienen que volver a su casa. Tienen que volver a Quilpué. La micro repleta de gente se va. Se van todas las micros. La gente intenta tomarlas. Algunos se van colgados y caen al suelo. La música que viene de las discos está tan fuerte que los parlantes saturan. Unas cuadras más allá nadie sabe qué estaba pasando. D llora en sus hombros. F también llora. Nadie los mira. Nadie les dice nada. Es año nuevo. La fiesta debe continuar.
Morgana
D Baila. D baila con los ojos cerrados música electrónica oscura, densa, demoniaca. Baila con los ojos cerrados apuntando con su mentón el cielo. Las luces hacen que su rostro se torne de muchos colores. Rojo. Verde. Amarillo. Azul. Baila con los ojos cerrados y puedo ver su cuello en extensión. Veo su cuello moverse y se activan todos mis genes vampíricos. Beso su cuello mientras me muevo al ritmo de la música electrónica oscura, densa y demoniaca. D corresponde el beso y me abraza con su botella de chela en la mano. Siento su cuerpo pegado al mío moviéndose al ritmo de la música. Castillos de cristal. Robert Smith. Not in love. Siento sus feromonas como autos manejados por curaos chocando contra las mías. La beso, nos besamos con las lenguas hirviendo, acariciándose. Calma, todo está en calma. Lo de recién no sucedió. Lo de recién fue parte de las cosas raras que pasan en año nuevo. Una anécdota sensorial guardada en la papelera de reciclaje de nuestras mentes. El dolor pasó. El miedo también. No, el miedo nunca se va.
Después del incidente D lloró. D tenía miedo. D tenía los ojos llenos de lágrimas. Buscamos un rincón. Bajamos unas cervezas que les compramos a unos loquitos que estaban en Bellavista. A pesar de que esa explosión de violencia fue notoria, nada se detuvo. Nunca escuchamos una ambulancia. Nunca vimos pasar alguna patrulla de carabineros. Ni bomberos, ni nada. Las brasas seguían calienten listas para la parrilla. El anticucho a mil. Los choripanes a 500. A luca las chelitas compa. Tabaquito, tabaquito. Hamburguesa de soya a quinientos. ¿manito socio?
Intentamos comunicarnos con El Dengue, pero seguía siendo imposible. El dolor de las piedras ya había pasado. Decidimos pararnos a caminar. Seguía habiendo mucha gente. Fumamos la cola que nos quedaba. Decidimos que la noche debía continuar. Decidimos ir a bailar. Decidimos ir al Morgana. Un lupanar gótico que recibe con los brazos abiertos a las criaturas más extrañas del puerto. Vampiras, viajeros en el tiempo, estupendas Drag Queens, rebeldes de épocas pasadas, incomprendidas e incomprendidos, cojos, feos, enanos y gigantes. Látex, luces, música electrónica, electropop, electrodark, música de los 80, clásicos kitch de los 90. La luz. Los videos. Los parlantes a todo chancho. La humedad. El piso resbaloso. D Baila. D baila con los ojos cerrados música electrónica oscura, densa, demoniaca. Baila con los ojos cerrados apuntando con su mentón el cielo. Las luces hacen que su rostro se torne de muchos colores. Rojo. Verde. Amarillo. Azul. Baila con los ojos cerrados y puedo ver su cuello en extensión. Veo su cuello moverse y se activan todos mis genes vampíricos. Beso su cuello mientras me muevo al ritmo de la música electrónica oscura, densa y demoniaca. D corresponde el beso y me abraza con su botella de chela en la mano. La chica de la barra grita. Es un grito denso, grave, gutural. Toma bruscamente una de las botellas de la repisa. Una de ron creo, una de tequila al parecer. No se identifica el contenido. Solo escuchamos sus gritos. Nos da miedo. Me da miedo. D me mira con cara de espanto y luego ambos miramos a la barra. La chica de la barra tiene los ojos raros y sus expresiones faciales asustan. La chica de barra toma una botella de la repisa y la revienta sobre el mesón. Una botella, dos botellas, tres botellas. La música se cortó de golpe. La electricidad se cortó de golpe. En la oscuridad los gritos de la chica de la barra se hacían más intensos.

Mauricio Tapia Rojo (Quilpué, 1988). Escritor, docente, editor. Licenciado en Pedagogía en Castellano por la Universidad de Playa Ancha. Ha sido finalista de los siguientes concursos de cuentos: “Luna Negra” de relatos policiales, convocado por la editorial española Lengua de Trapo (2010); y “Letras Sub 30”, auspiciado por la Fundación Cultural de Providencia, que integra Chambelán Superstar y otros cuentos (Ediciones B, 2016). Fue seleccionado para el fanzine Nuestro Fuego editado en Chile y Estados Unidos por Editorial Negra. A su vez, fue coeditor de Bathory Ediciones de Quilpué. Hizo parte de la antología En Verano [Muestra del novísimo relato de la región de Valparaíso], publicada en el n° 5 de nuestra revista. Publicó los libros Semiótica de la torpeza (poesía, 2017) Zapping (cuento, 2019 y 2023) y Animales muertos (cuento, Schwob Ediciones, 2022). Los cuentos incluidos en este número pertenecen al libro Primero de enero, que será publicado por Ediciones La Antorcha Magacín.

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