La espera es mala consejera

Milena Jesenská ha sido estigmatizada como la amante de Kafka, debido a un epistolario que sobrevivió de una breve y tortuosa relación entre ambos (Cartas a Milena); sin embargo, se sabe poco de su fascinante e intensa vida: mujer de avanzada, traductora de literaturas de vanguardia, bisexual, militante comunista, morfinómana y figura clave del periodismo checo, que murió en un campo de concentración nazi en 1944.

Milena Jesenská a los trece años, junto al Moldava.

Milena Jesenská

[Traducción de Christian Kupchik]

Pasamos nuestra vida esperando algo, somos incapaces de vivir sin esta espera, sin esta esperanza. ¿Esto nunca los ha sorprendido? En invierno, esperamos la primavera, nos imaginamos la dulzura de las noches y la belleza del sol estival a orillas del agua. El verano nos encuentra en tren de proyectar excursiones de esquí, evocando su encanto, el secreto voluptuoso del ronquido de la estufa, de la luz de la lámpara y los libros que amamos, los placeres de la nieve y el atractivo de un cielo gris y brumoso. Esperamos un vestido nuevo, una noche en el concierto, la ciudad que veríamos por primera vez y los futuros encuentros. De chica yo viví en la loca espera de “la vida”. Creí que un día, bruscamente, la vida iría a comenzar, se abriría ante mí. Como la subida de un telón, como un espectáculo que comienza. No pasaría nada y ocurrirían montones de cosas, pero no se trata de eso, no se podría decir que eso fuera la vida. Y es preciso creer que yo persisto en no ser más que una niña, que continúo esperando esta vida que ha de venir. No obstante, hace mucho tiempo que la vida ha comenzado y, ya desde pequeña, espero esto que ya es la vida. Los acontecimientos que espero con tanta impaciencia sobrevienen uno tras otro, y nunca son tan hermosos como su espera. Sólo encuentran su belleza en el recuerdo y en la espera renovada de su retorno.

Sin embargo, tengo la impresión de que el hombre vive al borde de un abismo en el cual se precipita el presente. Conocemos exactamente el pasado y nos preocupamos en vano por no poder cambiarlo. Conocemos no menos exactamente el futuro y también nos inquietamos en vano porque somos incapaces de adivinarlo y moldearlo a nuestro gusto. Lo único que no conocemos es el presente: esta tarde, este momento preciso en que vivimos. Atesoramos el pasado, especulamos sobre el porvenir y despilfarramos el presente con tanta desesperación que apenas tenemos conciencia de que la vida es este presente y únicamente el presente. Por ejemplo, preparamos el té y decimos que es justamente eso: un intermedio entre lo que ha sido y lo que será. Aunque, en realidad, es eso mismo: la vida. La vida no es otra cosa, sin gloria, sin brillo, llena de decepciones (de hecho, no es más que una única y larga decepción). Estamos sentados permanentemente en una sala de espera acechando un tren que no llega. Pero este terreno lleno de brezos, de arenas y de delgados pinos cuyas herrumbrosas coronas son iluminadas por el sol, ¿qué belleza más maravillosa puede superarlo? Y tú, mi estúpido corazón, ¿no piensas en este momento en ese hombre que te ama demasiado poco? ¿No piensas en el abrigo nuevo, en el forro del año anterior y en la carta al recaudador de impuestos que era absolutamente imprescindible escribir? ¿No piensas más que en este terreno? Piensas en ello, abarcándolo con toda la boca, mirando oblicuamente todo el resto. No estés triste, ni alegre, ni feliz, pues todo es absurdo: eres presente, entrégate a este día y, por el amor del cielo, haz un esfuerzo, intenta no contemplar más que esta hora y extrae todo lo que ella te puede dar. Esfuérzate en cortar esta cadena del destino que hace que los hombres no vean en los acontecimientos más que incertidumbre, dolor, insatisfacción y espera. ¡Sé! Así de simple. Nadie te devolverá aquello que acabas de dejar escapar de tu mano, pero mañana te reirás del dolor de hoy. Nunca habrás vivido lo que nunca hayas mirado: el mañana, bajo una luz totalmente distinta y aún bajo otra muy diferente dos días después. Desde ahora, en consecuencia, puedes apostar Que todo aquello que te parecía tan importante no es lo principal. Tomando tus propios desvelos sobre los asuntos de la vida y la muerte, olvidas despreocupadamente lo que eres: la hora presente. No obstante, es lo único que realmente cuenta, pues ella ha perdido para siempre esa parte irremplazable de tu vida que has dejado destruir.

Národni Listy, 26 de agosto de 1926.

Milena Jesenská (Praga, 1896-campo de concentración de Ravensbrück, Alemania, 1944). Escritora, periodista, traductora. Colaboró como periodista y editora en numerosos periódicos y revistas de la época. Publicó los libros Las recetas de Milena (1925), Por el camino de la simplicidad (1926) y El monje hace el hábito (1927), estos dos últimos recopilaciones de artículos y crónicas. Fue la primera en traducir a cualquier idioma la obra de Kafka, al versionar al checo, en 1920, el relato “El fogonero”; a lo que sumo obras de Guillaume Apollinaire, Henri Barbusse, G. K. Chesterton, R. L. Stevenson, Jonathan Swift, Máximo Gorki y Rosa de Luxemburgo, entre otros. El artículo “La espera es mala consejera” lo hemos tomado de V de Vian, n° 25, septiembre de 1996. Otra crónica de Jesenská en La Antorcha Magacín # 6.

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