
La Biblioteca Social Reconstruir se alza como uno de los principales espacios de custodia documental del anarquismo en México y América Latina. En sus estantes, poblados de papeles gastados, tipografías antiguas y voces que aún resuenan, se conserva un acervo archivístico que asila una memoria insurgente que ha atravesado fronteras, derrotas y exilios. Fundada en la década de 1970 por el anarquista catalán Ricardo Mestre Ventura, la biblioteca nació como un acto de reconstrucción frente a la dispersión de fragmentos esparcidos por el catastrófico siglo XX.
Cristóbal Rojas Vargas
“Así ocurre con nuestro pasado. Es trabajo perdido que tratemos de evocarlo, inútiles todos los esfuerzos de nuestra inteligencia. Está oculto fuera de su dominio y de su alcance, en algún objeto material (…) que ni siquiera sospechamos. Y ese objeto, depende del azar que lo encontremos antes de morir”.[1]
Introducción
En las páginas que preceden al célebre episodio del bollo de magdalena, donde el protagonista de la obra se sumerge en una experiencia sensorial de sabores y aromas que evocan su historia, Marcel Proust despliega una breve reflexión sobre el porvenir de la memoria. Antes de irrumpir como recuerdo, este permanece oculto en las cosas, esperando el encuentro fortuito que vuelva a hacerlo comparecer. La memoria involuntaria permanece así inscrita en los objetos que sobreviven a quienes los produjeron, vigilantes silenciosos de la ofrenda de un tiempo que no termina de disiparse.
Es precisamente esta concepción de los objetos como depositarios de un pasado aún disponible, la que Walter Benjamin —traductor de Proust al alemán y uno de sus lectores más agudos— retomó para pensar la historia y la experiencia moderna. En los fragmentos del Libro de los pasajes, la figura del coleccionista, y con ella toda práctica de resguardo, adquiere la tarea de preservar el porvenir del pasado inscrito en las cosas. Al sustraer estas materialidades —incluso aquellas olvidadas, desgastadas o al borde de su desaparición— de la servidumbre de ser útiles, el coleccionista custodia la posibilidad de que vuelvan a ser leídas y evocadas[2].En ese gesto, la colección deja de ser una acumulación de artefactos, para convertirse en el espacio donde cada uno conserva cierto «índice oculto» que orienta su posible redención[3].
Quizás sean los archivos y las bibliotecas una de las expresiones más elocuentes de esa práctica de rescate: espacios donde la preservación y catalogación no solo recomponen lo disperso, sino que mantienen abierta la posibilidad de que aquello que el tiempo parecía haber relegado al olvido vuelva a irrumpir en el presente, tensionando, desorientando e incluso desestabilizando sus cimientos en apariencia incólumes.
La Biblioteca Social Reconstruir se alza como uno de los principales espacios de custodia documental del anarquismo en México y América Latina. En sus estantes, poblados de papeles gastados, tipografías antiguas y voces que aún resuenan, se conserva un acervo archivístico que asila una memoria insurgente que ha atravesado fronteras, derrotas y exilios. Fundada en la década de 1970 por el anarquista catalán Ricardo Mestre Ventura, la biblioteca nació como un acto de reconstrucción frente a la dispersión de fragmentos esparcidos por el catastrófico siglo XX.
De alguna manera, el proyecto se inscribe en un proceso de circulación supranacional de ideas libertarias, particularmente en el contexto del exilio republicano posterior a la Guerra Civil Española. Así, con el paso de las décadas, la biblioteca fue reuniendo un archivo abigarrado —suplido de impresos, carteles, revistas y documentos provenientes de distintos rincones del mundo— que ha mantenido abierta la posibilidad de indelebles relecturas. No es casualidad, entonces, que este acervo haya devenido en un espacio polifónico de debate, aprendizaje y difusión de conocimiento.
La entrevista que sigue recoge las voces de Omar y de Héctor Moreno Ríos, integrantes del colectivo que hoy sostiene este proyecto. En ella se abordan los orígenes de la biblioteca, su trayectoria histórica, las características de su acervo documental y los desafíos que enfrenta en la actualidad.
I. Entre el exilio y la reconstrucción social: génesis y trayectoria de la Biblioteca Social Reconstruir
Entrevistador: ¿De qué manera se configura el surgimiento de la Biblioteca Social Reconstruir en el cruce entre el exilio republicano y las redes libertarias en México, y qué condiciones históricas hicieron posible su emergencia?
Omar: La biblioteca se origina gracias a la iniciativa de Ricardo Mestre Ventura, anarquista catalán que llegó a México como parte del exilio republicano tras la derrota de la Segunda República española[4]. Como es sabido, después de la Guerra Civil se produjo una intensa persecución política contra los militantes republicanos y libertarios, lo que obligó a muchos de ellos a exiliarse en distintos países.
México fue uno de los destinos principales de ese exilio[5]. Una vez establecidos aquí, varios anarquistas continuaron desarrollando proyectos políticos y culturales. En ese contexto surge la Biblioteca Social Reconstruir, cuya apertura se sitúa en la década de los setenta.
En su momento se trataba de un proyecto bastante singular. No existía en el país un espacio que reuniera de manera sistemática libros, periódicos y revistas vinculados al anarquismo y que, al mismo tiempo, funcionara como un lugar de encuentro para militantes libertarios de distintos países. Desde entonces la biblioteca ha mantenido ese doble propósito: preservar la memoria del anarquismo y ofrecer un espacio para la difusión y discusión de sus ideas.
Entrevistador: El nombre “Biblioteca Social Reconstruir” parece condensar una tradición política específica. ¿Cómo dialoga esta denominación con el lenguaje histórico del anarquismo y con el horizonte de transformación social que lo atraviesa?

Héctor Moreno Ríos: El nombre se vincula directamente con el vocabulario del anarquismo clásico. La idea de “reconstrucción social” forma parte del horizonte histórico del movimiento libertario. El anarquismo siempre ha planteado una crítica a las estructuras de dominación existentes y, al mismo tiempo, la posibilidad de reconstruir la sociedad sobre nuevas bases.
Omar: En ese sentido, el término “reconstruir” remite a una tradición muy concreta del movimiento obrero revolucionario. Cuando hablamos de anarquismo clásico solemos referirnos al periodo de mayor expansión del movimiento obrero internacional, que culmina en experiencias como la revolución social en España.
La generación de Mestre pertenecía precisamente a ese mundo. Por eso el nombre de la biblioteca está profundamente ligado a ese lenguaje político.
Entrevistador: Si pensamos la trayectoria de la biblioteca en términos históricos, ¿qué momentos o inflexiones permitirían periodizar su desarrollo y qué transformaciones marcan el paso de una etapa a otra?
Héctor Moreno Ríos: Podríamos distinguir tres grandes etapas. La primera etapa corresponde al periodo que va desde la fundación de la biblioteca hasta la muerte de Ricardo Mestre en 1997. Durante esos años el proyecto estuvo estrechamente vinculado a su figura.
Uno de los objetivos centrales era la conservación de la memoria del anarquismo. De ahí la importancia que tuvo la recolección de periódicos, revistas y publicaciones libertarias. Paralelamente se desarrolló una importante labor de difusión de ideas mediante publicaciones y actividades culturales.
La biblioteca también funcionaba como un punto de encuentro internacional. Llegaban jóvenes anarquistas de distintos países —Europa, Canadá, Japón o América Latina— que visitaban el lugar y muchas veces traían consigo publicaciones que pasaban a formar parte del acervo. La segunda etapa comienza con la muerte de Mestre en 1997.
Omar: En los años previos a su fallecimiento ya se había acercado a la biblioteca una nueva generación de jóvenes interesados en el anarquismo. Algunos de ellos comenzaron a colaborar directamente con Mestre durante varios años.
Cuando él murió, el proyecto estuvo en riesgo de desaparecer. Sin embargo, gracias a ese relevo generacional —en el que participaron compañeros como Toby y Marta— fue posible darle continuidad.
En esa etapa también surgieron nuevas formas de sostener el proyecto. Por ejemplo, durante varios años se organizaron conciertos de música punk destinados a recaudar fondos para cubrir los gastos de la biblioteca. La tercera etapa comienza tras el fallecimiento de Toby en 2021.
Las condiciones han cambiado de manera considerable. En la actualidad, la biblioteca se sostiene fundamentalmente gracias al trabajo voluntario y a las aportaciones personales de quienes participamos en el proyecto.


II. La memoria material del anarquismo: archivos, colecciones y redes de circulación
Entrevistador: Pensando en la biblioteca como archivo, ¿cómo describirían la configuración de su acervo y qué tipo de memoria del anarquismo se encuentra sedimentada en los materiales que resguarda?
Omar: Podríamos decir que el acervo de la biblioteca constituye, en gran medida, una memoria material del movimiento anarquista. Está formado principalmente por libros, revistas y periódicos, aunque también incluye carteles y algunos archivos documentales. El acervo se ha conformado a lo largo de varias décadas mediante donaciones y adquisiciones realizadas por los propios integrantes de la biblioteca. Cada libro o publicación tiene una historia: quién lo donó, quién lo trajo desde otro país o en qué circunstancias llegó al archivo.
Héctor Moreno Ríos: Muchos materiales llegaron gracias a los contactos internacionales que la biblioteca mantenía con militantes libertarios. Existen periódicos provenientes de Canadá, Estados Unidos, Italia, Francia, Grecia o varios países de América Latina. Ese carácter internacionalista forma parte de la historia misma del proyecto.


Entrevistador: Dentro de ese acervo, ¿qué materiales o colecciones consideran especialmente significativos, ya sea por su rareza, su valor histórico o por las trayectorias que permiten reconstruir?
Héctor Moreno Ríos: Hay numerosos materiales interesantes. Por ejemplo, contamos con una colección importante del periódico Tierra y Libertad, publicado en México por anarquistas españoles exiliados[6].También conservamos ediciones antiguas o difíciles de conseguir de autores clásicos del anarquismo, como obras de Pierre-Joseph Proudhon o la edición de 1909 de El hombre y la Tierra del geógrafo libertario Élisée Reclus[7]. Asimismo, existen folletos y publicaciones vinculadas al legado del anarquismo mexicano asociado a la figura de Ricardo Flores Magón[8].

III. Autogestión y resistencia cultural: la biblioteca frente a los desafíos del presente
Entrevistador: En el presente, ¿de qué manera se articula el trabajo colectivo que sostiene la biblioteca y cómo se traducen en la práctica cotidiana los principios de autogestión que históricamente la han definido?
Héctor Moreno Ríos: Intentamos mantener los principios organizativos que han caracterizado al proyecto desde sus inicios. El órgano principal de decisión es la asamblea y el trabajo se realiza de manera voluntaria.
Durante mucho tiempo los conciertos solidarios fueron una fuente importante de financiamiento. Sin embargo, el contexto cultural cambió y ese tipo de actividades dejó de ser viable. En la actualidad el proyecto se sostiene fundamentalmente mediante aportaciones personales y el trabajo colectivo.

Entrevistador: En relación con los cambios en las formas de acceso al conocimiento, ¿cómo ha variado el perfil de quienes frecuentan la biblioteca y qué transformaciones han observado en sus usos a lo largo del tiempo?
Héctor Moreno Ríos: La situación ha cambiado bastante con respecto a décadas anteriores. En los años noventa la biblioteca recibía una gran cantidad de visitantes. Actualmente la afluencia es menor, algo que ocurre también en muchas bibliotecas públicas. Las nuevas tecnologías han transformado la manera en que las personas acceden a la información.
Omar: Aun así, seguimos defendiendo la biblioteca como espacio físico de encuentro. Creemos que la consulta directa de los materiales y la conversación cara a cara siguen siendo experiencias valiosas.
Entrevistador: En el contexto contemporáneo, marcado por nuevas formas de circulación del conocimiento y por una creciente digitalización, ¿qué implica sostener un proyecto como este y qué sentido adquiere hoy la existencia de una biblioteca libertaria?



Omar: Implica, en primer lugar, una forma de resistencia. Cada época plantea sus propios desafíos, y hoy enfrentamos condiciones muy distintas a las de décadas anteriores. Paradójicamente, vivimos en un momento en el que el acceso a la información parece más amplio que nunca, pero al mismo tiempo se observa una creciente fragmentación social. En ese contexto, la biblioteca intenta ofrecer un espacio de encuentro y de construcción colectiva del conocimiento.
Héctor Moreno Ríos: También significa mantener viva la memoria del anarquismo y del movimiento obrero revolucionario. En cierto sentido, asumimos la tarea de resguardar esa memoria. La biblioteca es un proyecto basado en la autogestión, el trabajo voluntario y la solidaridad. Un espacio que intenta mantenerse al margen de las lógicas del Estado y del mercado.
Entrevistador: Mirando hacia adelante, ¿cómo proyectan la continuidad de la biblioteca y qué desafíos consideran centrales para su preservación como espacio de memoria, encuentro y producción de sentido?
Héctor Moreno Ríos: La biblioteca es, en sí misma, un ejemplo de resistencia. Creemos que deben existir espacios como este, dedicados a preservar la memoria colectiva y a fomentar la construcción autónoma del conocimiento.
Omar: Nuestro deseo es que el proyecto continúe y que, además, surjan otros espacios similares. La biblioteca puede funcionar como un centro desde el cual irradiar ideas, experiencias y prácticas vinculadas a la tradición libertaria.


Cierre
Tal vez no sea casual que el recorrido concluya con Tierra y Libertad. Después de atravesar continentes, lenguas y generaciones, los impresos regresan al país donde la Biblioteca Social Reconstruir les ofreció una nueva morada. Allí el viaje se cierra y, al mismo tiempo, vuelve a comenzar. El gran grabado de Ricardo Flores Magón, con la consigna «¡Viva Tierra y Libertad!», condensa la fuerza del símbolo; las páginas del periódico conservan la persistencia de la palabra impresa. Entre ambos media el paciente trabajo del archivo, en ese gesto casi imperceptible de reunir, ordenar y preservar gracias al cual los objetos sobreviven a sus propietarios, los impresos a sus lectores y las ideas a las generaciones que las hicieron posibles. Quizá esa sea, en definitiva, la tarea más profunda de una biblioteca: no conservar únicamente documentos, sino mantener abierto el diálogo entre los vivos y las innumerables voces que el tiempo se negó a extinguir.

Bibliografía
Anderson, Benedict. Bajo tres banderas. Anarquismo e imaginación anticolonial (Madrid: Akal, 2008).
Benjamin, Walter. Libro de los pasajes. Madrid: Abada, 2013.
———. Tesis sobre la historia y otros fragmentos. Ciudad de México: Ítaca, 2008.
Brugat, Dolores Pla. El exilio republicano español en México. México: Fondo de Cultura Económica, 1999.
Domínguez Prieto, Olivia. “Ricardo Mestre y la Biblioteca Social Reconstruir. Una herencia anarquista para México”, en Guerra y exilio El final de la Guerra Civil española y el principio del exilio republicano, coords. Núria Galí Flores (coord.), México: Palabras de Clío, 2019, pp. 97-112.
Illades, Carlos. Las otras ideas: El primer socialismo en México, 1850–1935. México: Era, 2008.
Lomnitz, Claudio. El regreso del camarada Ricardo Flores Magón, Ciudad de México: Era, 2016.
Proust, Marcel. A la busca del tiempo perdido. I. Por la parte de Swann, (Madrid: Valdemar, 2017).
Woodcock, George. El anarquismo. Historia de las ideas y movimientos libertarios, Madrid: Ariel, 1979.
Notas
[1] Marcel Proust, A la busca del tiempo perdido. I. Por la parte de Swann, (Madrid: Valdemar, 2017), 42–43.
[2] Walter Benjamin, Obra de los pasajes, Obras, Libro V, Vol. 1, (Madrid: Abada, 2013), 65.
[3] Walter Benjamin, Tesis sobre la historia y otros fragmentos (Ciudad de México: Ítaca, 2008), 36.
[4] El anarquista catalán Ricardo Mestre Ventura formó parte del exilio libertario español que se estableció en México tras la derrota republicana en la Guerra Civil española. Al igual que otros militantes anarquistas, Mestre participó en la reconstrucción de redes culturales y políticas libertarias en el exilio, especialmente a través de proyectos editoriales, espacios de sociabilidad política y publicaciones periódicas. Sobre la trayectoria de Ricardo Mestre Ventura y su papel en la conformación de la Biblioteca Social Reconstruir, véase Olivia Domínguez Prieto, “Ricardo Mestre y la Biblioteca Social Reconstruir. Una herencia anarquista para México”, en Guerra y exilio El final de la Guerra Civil española y el principio del exilio republicano, coords. Núria Galí Flores (coord.) (México: Palabras de Clío, 2019), pp. 97-112.
[5] México constituyó uno de los principales destinos del exilio republicano español después de 1939. Dentro de este contingente se encontraba un número significativo de militantes anarquistas, quienes continuaron desarrollando actividades políticas, editoriales y culturales en el país. Para una contextualización del exilio libertario español en México, véase Dolores Pla Brugat, El exilio republicano español en México (México: FCE, 1999).
[6] Durante el exilio, diversas organizaciones libertarias españolas continuaron editando periódicos y revistas en América Latina. Uno de los más influyentes fue Tierra y Libertad, órgano histórico del anarquismo español que siguió publicándose en México durante varias décadas, convirtiéndose en un importante espacio de articulación para las redes libertarias internacionales. Sobre la prensa anarquista en el exilio y su papel en la articulación de redes transnacionales, véase Benedict Anderson, Bajo tres banderas. Anarquismo e imaginación anticolonial (Madrid: Akal, 2008).
[7] Entre los autores clásicos del pensamiento anarquista cuyas obras circulan en el acervo de la biblioteca se encuentran figuras como Pierre-Joseph Proudhon (1809–1865), considerado uno de los primeros teóricos del anarquismo moderno, y Élisée Reclus (1830–1905), geógrafo y militante libertario cuya obra influyó profundamente en el pensamiento social y ambiental del anarquismo. Para una visión general del pensamiento anarquista clásico, Véase George Woodcock, El anarquismo. Historia de las ideas y movimientos libertarios (Madrid: Ariel, 1979).
[8] La tradición anarquista mexicana tiene como una de sus figuras centrales a Ricardo Flores Magón (1874–1922), dirigente del movimiento magonista y uno de los principales críticos del régimen porfirista. Sus escritos y la actividad del Partido Liberal Mexicano contribuyeron a la difusión de ideas libertarias en México a comienzos del siglo XX y ejercieron una influencia duradera en distintos sectores del movimiento obrero y revolucionario. Para una reinterpretación contemporánea del magonismo, véase Claudio Lomnitz, El regreso del camarada Ricardo Flores Magón (Ciudad de México: Era, 2016).
Cristóbal Rojas Vargas (Villa Alemana, Chile, 1991) es docente e investigador. Es Licenciado en Educación e Historia y Magíster en Estudios Históricos, con mención en Cultura y Sociedad en Chile y América Latina, por la Universidad de Valparaíso. Actualmente es candidato a Doctor en Historia por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (Chile). Sus investigaciones se centran en la historia política e intelectual de las izquierdas chilenas del siglo XX, con especial énfasis en el socialismo, la circulación transnacional de ideas, los lenguajes políticos y las culturas políticas.

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