Sebastián Escobar Torres


Umami célico

en el ciclo perfecto de las secreciones

mis labios te solicitan el limo marino

tu nombre y tu sexo

            repiten

tu nombre y tu sexo

encienden

            en mi boca

                        los sabores del cielo

Cuando manda el masoquista

le exigí el placer a las espuelas y obtuve lo contrario de una herida

            le pedí a tu boca la muerte y recibí la sentencia justa

            abrazar con el calor del látigo

            querer con la insistencia de las cadenas

            recordar con la sombra de una mordida

comer de tu carne con las manos

                                   mis nudillos te devuelven todos tus besos

Yo, catador

It won´t be hell, but heaven on earth when we meet.

Bernd-Jürgen Brandes a Armin Meiwes.

Armin

quisiera prometerte—

que después de la algarabía de la hoguera no habrá más profanación ni abatimiento 

pero nuestra cultura sabe inventar serpientes

y tú reptas en la columna vertebral de su vergüenza— 

Fuimos dos hombres 

fragmentos empalmados de un rompecabezas cósmico

partida de ajedrez—toreo de marfil y sangre

dos hombres van a sostener todo el odio que ya no le cabe al mundo

            Eres

menguante sonrisa —lunática guadaña que siega la yugular al deseo de carne

tú         desbocas urgentes cardúmenes de esperma  

tú         como una diminuta supernova de óleos sobre mi bóveda más blanda

            Eres—

un gladiador ejercitándose

un pubis lo mismo que la cereza negra, el jazmín y la canela —un ágape entre cristianos

suave y ominoso como el pardo plumón de un quebrantahuesos

Hablamos—porque aún no nos conceden el derecho a guardar silencio

qué dichas

qué deliciosos intercambios de rubor consiguieron endurecer nuestros pantalones 

bajo un híspido cielo tus labios entornaron mi oreja para decirme

(…)

gritas como un sol hambriento para decir:

            como luego existo      máxima de la naturaleza

            dejo de sujetar la moral sobre mis hombros para darle a mi cuerpo

            el privilegio de tu cara 

            estupefacto y fascinado por los hoyuelos de tu sonrisa

Armin

tu risa que es gemido y jadeo y todos los sinónimos del gozo

(…)

y el orgasmo es la evidencia de que vale la pena vivir

en este planeta llamado tus clavículas

te obsequio un jardín de hematomas             amarrando el púrpura con mi boca  

            fuiste mi padre y me amaste como un hijo

en la medida que dios amó al suyo

que lo hizo cuerpo para condecorar los pecados de sus hijos

y luego les dijo

la muerte es un guiño en la cara del amor 

            cordero de dios que quitas el hambre del mundo

—en ese mismo altar que es un instante entre la boca y el paladar

yazgo yo  

desde las cisternas de la libido alcancé a ver el cielo

cuando la sangre escurría de las comisuras de tu boca como rabia amorosa

y en ese momento el sentido de tu vida fue terminar

en mí se sobregira del rojo—

porque me pegas donde duele y quedan marcas

acompáñame—alimentemos con pecados la bestia de la próstata

No quiero esperar más

nunca me había amado tanto como al amarme en ti

aguardé hasta que tu belleza no fue otra que la de un nuevo periodo geológico en el paraíso

y pasamos de la coagulación de la sangre al detritus de los huesos en un orgasmo

entonces tu cuerpo realizado en el adjetivo conspicuo

en este momento de carne tu boca no aprendió a cansarse

Mi centauro    delinques con cada erección—   

tiéndeme sobre este lecho de metal brillante

deja que te hechice con mi acento de presa

Armin—yo dije sí, que siempre a todo sí  

porque de esta manera           en medio del más tierno ay

en la herida en la sangre entre el orgasmo sobre el fuego bajo las estrellas junto a ti

así es como elijo mi muerte.


Sebastián Escobar Torres (Puebla 1998) es licenciado en Lingüística y Literatura hispánica por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla en donde, actualmente, cursa la maestría en Literatura Hispanoamericana. Su obra lírica permanece, hasta el sol de hoy, inédita.

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