Ni Katia ni Maurice Krafft
Tus rodillas, dos bisagras.
Te vi caer.
Te vi besar al suelo con los ojos.
No hubo río ni pasto ni verde en qué derrumbarse.
El pronóstico del clima: estoy duplicándome.
Pasaron tres semanas desde entonces.
Entonces,
cristo,
jesucristo,
jesucrisis crisis,
apocalipsis.
Ayer la OMS declaró el fin de la emergencia,
es decir,
la nuestra.
Vi arder las estrellas kamikaze.
Vi caer las estrellas kamikaze
sobre los techos de varilla radioactiva.
A cierta distancia,
el magma llenaba los espacios,
tu breve existencia
de pintura fresca.
Apareció un amarillo en el cielo
y el doblemente amarillo de las aves.
Lo propio del fuego
queda para siempre
adherido a su catástrofe.
Nos alcanzaba el Fuji, el Popo,
Pompeya. Respiramos los virus ancestrales
del último colapso.
Los pájaros golpeaban las ventanas,
pero nadie les abría.
Mis células se doblaron,
subrepticias.
Te vi partir.
Te vi partir dos veces
lo que ya habían partido otros.
Te giraste al ponerle fin,
sin voltear
ni una sola vez hacia atrás.
En el vacío teratológico
entre tú y yo
quedábamos nosotros.
Todo para darme cuenta que el fin del mundo
se parece tanto a la infancia.
Somos dos niños parodiando el simulacro.
Tú te vas de casa
mientras yo me quedo ahí,
pequeña o apocalíptica,
con el miedo raspándome las rodillas.
Una luz

Coraima Mena (Culiacán, 2000) es socióloga por la UNAM, artista visual, y escritora. Formó parte del Festival Internacional de Escritoras "Primavera Bonita", 2024. Su obra ha sido publicada en la antología Novísimas. República de poetas mexicanas, y en plataformas como Punto en línea, Círculo de Poesía y Página Salmón.

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