
Ellis pierde frente a gigantes estadounidenses que poseen más profundidad histórica, fuerza poética y habilidad lingüística como Thomas Pynchon, Cormac McCarthy o la poderosa Toni Morrison, pero hay algo especial en su prosa que lo posiciona como un narrador único e inimitable. Esa misma singularidad hace intransferible al cine sus textos de manera eficaz, ya sea por la crudeza de los diálogos, la multitud de referencias culturales, el dominio absoluto de la primera persona usada para describir situaciones que se deslizan como serpientes enroscadas o sencillamente en el ambiente general evocado por sus palabras.
Miguel Ogalde Jiménez
Bret Easton Ellis nació en 1964, en Los Ángeles, California, Estados Unidos. Fue criado en un hogar adinerado pero disfuncional, con una madre sumisa y un padre alcohólico y abusivo cuya figura inspiró mucha de su escritura[1]. Atendió a escuelas y universidades privilegiadas y se hizo famoso a mediados de los ochenta con Less Than Zero, su primera novela, y luego se volvió infame por American Psycho antes de cumplir los treinta años (novela por la cual recibió amenazas de muerte en 1991[2] incluso antes de que el texto fuera publicado). Hizo enojar en su momento a David Foster Wallace (quien incluso dedicó todo un cuento a parodiar el estilo y temáticas de Ellis: The Girl With the Curious Hair, traducido como La niña del pelo raro[3]) y a un montón de personas más a lo largo de los años, debido a un claro afán de generar caos con sus opiniones controversiales[4]. Pero su faceta de niño terrible, que pareciera anhelar atención negativa para alimentar alguna parte de su alma herida, no disminuye el poder de su ficción. Es uno de los artistas que mejor ha sabido exponer la impunidad y depravación de la élite hollywoodense, evidente cuando los escándalos de figuras como Harvey Weinstein[5], P. Diddy[6] y Jeffrey Epstein[7] salen a la luz y las acusaciones contra ellos podrían estar, palabra por palabra, sacadas de un libro de Ellis.
Less Than Zero (1985, traducida como Menos que cero[8], cuyo título es el de una canción de Elvis Costello) es su primera novela y habla sobre Clay, un joven que vuelve a Los Ángeles luego de estar un año en la universidad y se encuentra con las vidas de sus amigos envueltas en la ruina moral, el libertinaje sexual, la apatía hacia el horror del mundo y la prostitución para alimentar adicciones a las drogas. Fue publicada cuando el autor tenía veintiún años y lo catapultó a la fama y a un espiral parecido a la vorágine en la que se ven envueltos sus protagonistas. Es un libro corto, desolador y muy contenido si se lo compara con el resto de sus textos. Es su trabajo más accesible y un excelente ejemplo de prosa cinematográfica. La trama borrosa y los diálogos realistas y afilados se convertirán en su distintivo, junto con el sexo, las drogas, la banalidad, la angustia existencial, el humor negro y la crueldad. Fue adaptada en 1987 por Marek Kanievska, en una versión moralista y totalmente alejada de la apatía emocional que impregna al texto original.
The Rules of Attraction (1987, traducida como Las leyes de la atracción[9]) es una novela que expande las bases sentadas por su predecesora, relatando un triángulo amoroso que se desarrolla en la ficticia universidad de Camden. Los temas principales siguen siendo los jóvenes, el sexo, las drogas y la crueldad (la protagonista es violada en la primera página) y añade técnicas narrativas más experimentales como que dos personajes cuenten la misma escena recordándola de manera completamente distinta o un capítulo escrito entero en francés sin ofrecer traducción, volviendo más compleja la estructura global de la trama, pero también la textura de los momentos individuales. Le hace un guiño a su novela anterior cuando Clay de Less Than Zero narra un solo capítulo, pero también hay vistazos a futuros libros con apariciones fugaces de Patrick Bateman de American Psycho (su hermano Sean es uno de los personajes principales de esta novela) y Victor Ward de Glamorama, entretejiendo de manera muy lograda la autenticidad de su universo. Se abandona el minimalismo (aunque volverá en otros libros) y ha sido reemplazado por una apuesta literaria donde el autor desarrolla con más elegancia y fineza sus obsesiones, aunque todavía sin entrar en el terreno de la ultraviolencia que lo caracteriza. Fue llevada al cine en 2002 por Roger Avery, co-guionista de Pulp Fiction (1994) y es la adaptación favorita de Ellis de uno de sus libros[10].
American Psycho (1991, traducida como Psicópata Americano[11]) es probablemente la novela más significativa que ha escrito Ellis, al menos a nivel de la memoria colectiva. La alargada sombra del asesino serial que proyectan estas páginas atormentará para siempre a su creador y a nuestra desvirtuada cultura popular. Su conocido protagonista, Patrick Bateman, no es un macho alfa como aparenta, sino un triste perdedor narcisista e inseguro (reflejo del mismo Ellis), expuesto de manera irónica y ambigua. Compra ropa por sentirse mal vestido, va a locales caros para aspirar a una exclusividad imaginaria, tiene sexo con prostitutas porque le da miedo ser gay y asesina personas al no encontrar su propio valor como ser vivo, ya que tampoco a nadie pareciera importarle sus acciones. Todos estos elementos confluyen en un relato que parodia la introspección existencial en primera persona de Dostoievski y de los oscuros narradores de Poe, presentando al hijo pródigo del brutal capitalismo de mercado ochentero como un ser absolutamente corrompido. Aquí todos los elementos de Ellis, el sexo (ya a estas alturas pornográfico), las drogas duras, la banalidad individual, la angustia, el humor negro y la crueldad (representada en detalladísimas escenas gore que van desde tortura y necrofilia hasta una sopa hecha de sangre de mujeres) revientan al lector y plantean preguntas sobre los límites de la ficción ante las infernales escenas. La prosa es lenta y cargada de detalles, pero se vuelve frenética y salvaje a medida que la psique de su protagonista se despedaza. Es un libro malintencionado y conscientemente ridículo, pero también una potente novela de horror y una implacable sátira anticapitalista. La adaptación del 2000 de Mary Harron que protagoniza Christian Bale se ha convertido en un fenómeno de internet y del mundo de los memes.
The Informers (1994, traducido como Los confidentes[12]) es su única colección de cuentos, escritos durante su época universitaria. Tal vez por eso se leen como refritos de viñetas sacadas de Less Than Zero con el toque sádico de American Psycho. Básicamente, escenas de gente banal siendo mala. Aquí Ellis elige darnos flashes a su ya construido universo, poniendo a cada protagonista en situaciones complicadas, desprovistas de amor o compasión y siempre en un tono desinteresado que muestra las costuras, ya que todos los narradores se parecen. Como toda colección de cuentos hay relatos más fuertes que otros. Notables son el del rockstar violador de gira en Japón, los secuestradores estúpidos que no saben qué hacer con su víctima o el fiestero que puede o no ser un vampiro (seguimos con los narradores poco fiables). Si bien no es un libro que añada demasiado a su corpus de trabajo más amplio, sí podría resultar interesante para los fans acérrimos del autor, los entusiastas de la novela negra o cualquiera que busque ejercicios de estilo eficazmente ejecutados. Enseña un par de cosas sobre combate verbal y a crear tensión sólo con la atmósfera. La adaptación cinematográfica fue dirigida el 2008 por Gregor Jordan con el propio Ellis en el guión y fue un rotundo fracaso de crítica y taquilla.
Glamorama (1998, traducida como Glamourama[13]) es su primer intento a sabiendas de lograr una obra maestra. En esta novela Ellis toma todo lo que ha hecho antes, la construcción de mundo, los personajes, el ambiente, las escenas, las temáticas y construye una enloquecida sátira política (y manifiesto en contra del culto a la belleza) donde supermodelos de pasarela cometen horripilantes actos de terrorismo de estado internacional para luego culpar a los árabes y mantener el statu quo del orden mundial. Victor Ward vuelve desde las páginas de The Rules of Attraction para ser testigo y partícipe obligado de esta caricaturesca farsa, sin posibilidad alguna de huir de la espiral de violencia y horror en el que está cada vez más metido. Para escribir American Psycho, Ellis tuvo acceso a un manual del FBI para darle verosimilitud a las escenas de asesinato[14], por lo que acá es imposible no preguntarse si acaso obtuvo acceso a detalles verdaderos de algún operativo de la CIA, ya que narra con un detalle clínico y tremendamente específico la manera en que Estados Unidos perpetra sus macabras políticas exteriores. Este libro es un mal viaje psicodélico en constante aceleración, una montaña rusa triste, siniestra y feroz que no ofrece salidas ni disculpas. Ya no hay adolescentes (aunque hay cameos de personajes de libros anteriores, incluyendo a Patrick Bateman), pero hay humor negro, crueldad, violencia gore y mucho sexo (incluyendo un trío bisexual de varias páginas). Lo más parecido que ha llegado a tener como adaptación cinematográfica es el plagio que le hizo Ben Stiller en Zoolander (2001).
EnLunar Park[15] (2005) Ellis abandona toda pretensión de crear un universo compartido entre sus libros y se entrega de manera total a la metaficción. Herido aún por la muerte de su padre en los ochenta y por la prematura muerte de su novio a principios de los dos mil, Ellis decide crear una novela de fantasmas inspirada en las historias de Stephen King. Una versión ficticia de sí mismo se casa con una modelo, tiene un hijo y se va a vivir a los suburbios. Pronto, este Ellis ficticio comienza a experimentar espectrales apariciones del mismísimo Patrick Bateman y alguien comienza a recrear los crímenes de American Psycho en el mundo real, a la vez que algunos niños del vecindario empiezan a desaparecer. Esta es una novela extrañísima ya que, pese a no ser una secuela directa de ninguno de sus libros anteriores y ser autoconclusiva, se beneficia demasiado de la lectura de al menos Less Than Zero y American Psycho (los libros más referenciados y que forman parte sustancial de la trama) y requiere demasiadas bisagras externas para funcionar bien por sí misma. Sin embargo, quien emprenda el viaje completo a Lunar Park leyendo todos los otros libros de Ellis primero, saldrá muy recompensado y podrá apreciar mejor este arriesgado y maduro experimento literario. Pese a conservar su ácida y agresiva visión del mundo, este es un libro que entra en un territorio emocional no explorado antes por el autor, como la paranoia que experimenta Bret en una escena al imaginarse a su hijo muriendo en un tiroteo escolar o sus páginas finales, que deslumbran con reflexiones sorprendentemente tiernas sobre la pérdida de un ser querido. No tiene ninguna adaptación (sería muy difícil que un libro como este funcione bien en la pantalla), pero inspiró el álbum Fear of a Blank Planet[16] (2007), de la banda de metal progresivo Porcupine Tree.
Imperial Bedrooms (2010, traducido como Suites Imperiales[17], otra canción de Elvis Costello[18]) es la secuela directa de Less Than Zero ambientada veinticinco años después. Este thriller abrasivo es su más depurado esfuerzo minimalista, donde Clay, ahora guionista de éxito deambula por un Hollywood decadente plagado de actos sórdidos. Acá se vuelve a ocupar el recurso de confundir los planos de realidad, ya que el Clay que narra este libro no es el mismo que narró Less Than Zero y además esa novela y su adaptación de 1987 existen dentro del mundo de los personajes, quienes vieron la película como representaciones mal hechas de ellos mismos. Sin embargo, luego de ese pequeño detalle surreal, se esboza un libro aterrizado y potente que refleja las frustraciones reales del autor con mucha más claridad teniendo en cuenta que él mismo ha tenido una carrera turbulenta en Hollywood como guionista. Aquí se muestran las atrocidades de la podrida industria del entretenimiento contadas por alguien que las conoce desde adentro, salpicando rabia (y sangre) hasta la última página, sin las desquiciadas metáforas de sus esfuerzos anteriores. No tiene una adaptación cinematográfica.
White (2019, traducido como Blanco[19]) es una colección de ensayos y artículos entretenidos pero que no llegan a ser mucho más que provocaciones vacías e inofensivas. Tiene algunos momentos brillantes cuando discute sobre estética y hace reflexiones acerca del sufrimiento, porque Ellis es una astuta diva con una lengua despiadada y una gran cantidad de conocimientos (enciclopédicos y vivenciales), pero acá es donde se le nota la plata en el bolsillo y la edad, ya que muchos de los temas a los que les dedica páginas y páginas son nimiedades de la misma industria del entretenimiento. Sus ataques a las generaciones más jóvenes (aunque en algunos puntos tenga mucha razón) se sienten más como quejas de viejo platudo sobre cosas que le molestan dentro de su vida bañada en lujo que como las reflexiones iluminadoras de un genio. Al final, por muy bien que Ellis escriba sobre las adicciones de Charlie Sheen o cómo odia la cultura de la cancelación y en general todas las posturas políticas institucionales, el libro termina volviéndose inflado y repetitivo y deja en claro que la verdadera gracia de Ellis es escribir historias.
The Shards (2023, traducida como Los destrozos[20]) es su verdadera obra maestra y la novela cachonda y empapada en sangre que Ellis nació para escribir. American Psycho será siempre la estrella negra por la que es recordado y Glamorama su agónico esfuerzo por dejar huella en la literatura, pero The Shards es la mezcla laberíntica y abrumadora de todas las obsesiones del autor. Esta síntesis agarra más peso cuando se sabe que es la novela que Ellis quería escribir desde el colegio[21] y, si bien puede llegar a resultar cansador temáticamente, acá está ejecutado con tal dominio literario que refresca conceptos ya utilizados. La trama es la de un slasher ochentero enfocado en adolescentes, pero contado a través de la luz crepuscular de la madurez. El narrador vuelve a ser una versión ficticia de Bret Easton Ellis, ya adulto, quien escribe The Shards como un libro de memorias para poder afrontar los recuerdos de cuando un asesino serial lo acosó a él y a sus amigos durante su último año de secundaria, mientras él escribía Less Than Zero y enfrentaba su propia homosexualidad reprimida. Acá todo lo visto anteriormente en casi cuarenta años de trayectoria vuelve a arremeter, desde el sexo pornográfico (mucho sexo gay), pasando por la cantidad desmesurada de drogas y la degeneración de los adultos de Hollywood, hasta la violencia grotesca. La prosa abandona todo minimalismo, dando descripciones largas y hermosamente elaboradas de la rabia, los celos, el miedo y la frustración que sentía el joven Bret. Pero esta fachada de autobiografía proustiana es otra mentira, parte del espejismo negro propuesto por el autor para confundir. La falsa vulnerabilidad emocional es una trampa que juega a favor de la ambigüedad narrativa con una sutileza infinitamente superior a cualquier cosa que Ellis haya escrito antes. Pese a estar una vez más en territorio metaficcional, The Shards puede ser leída sin haber tocado otros libros de Ellis, porque late al ritmo de su propio y oscuro corazón, pero de todas maneras el haber leído los demás libros del autor enriquece la experiencia ya que éste siempre recompensa a su lector habitual. The Shards es una bestia literaria confusa y fiera, llena de fluidos corporales y venenoso resentimiento, escrita con rabia destructiva y amarga pasión. La adaptación a miniserie está a cargo de Ryan Murphy (American Horror Story) para FX.
Ellis pierde frente a gigantes estadounidenses que poseen más profundidad histórica, fuerza poética y habilidad lingüística como Thomas Pynchon, Cormac McCarthy o la poderosa Toni Morrison, pero hay algo especial en su prosa que lo posiciona como un narrador único e inimitable (Ellis es lo que Alberto Fuguet siempre quiso ser). Esa misma singularidad hace intransferible al cine sus textos de manera eficaz, ya sea por la crudeza de los diálogos, la multitud de referencias culturales, el dominio absoluto de la primera persona usada para describir situaciones que se deslizan como serpientes enroscadas o sencillamente en el ambiente general evocado por sus palabras. Sus temas y estilo narrativo pueden llegar a cansar, pero esa es su estética, la sátira pop desmesurada e incorrecta que busca ofender y sacudir y no dejar indiferente a nadie. Respecto a su figura pública, uno puede estar de acuerdo o no con sus cínicas opiniones, su afán de provocar a los jóvenes, a las mujeres y a los homosexuales (siendo él mismo gay), su atrevimiento a defender malas personas[22] o alentar polémicas de personajes como Tarantino[23], pero estas al final sólo son rabietas de un burgués narcisista que jamás ha tomado una pala en su vida. No quita que Ellis sea un autor con sello propio, cuyos libros usan lo más asqueroso del ser humano para atacar desde adentro al imperio más voraz que la humanidad ha conocido. Su bibliografía es un monstruo suelto en las calles de las letras estadounidenses, causando la devastación al ritmo de los éxitos más salvajes de los ochenta.
Notas
[1] https://www.theguardian.com/culture/2010/jul/18/bret-easton-ellis-interview
[2] https://www.nytimes.com/1991/03/06/books/bret-easton-ellis-answers-critics-of-american-psycho.html
[3] https://www.zendalibros.com/la-nina-del-pelo-raro-un-cuento-de-david-foster-wallace/
[4] https://calitreview.com/bret-easton-ellis-film-requires-the-male-gaze-female-directors-need-not-apply/
[5] https://www.infobae.com/que-puedo-ver/2024/12/30/mas-de-80-denuncias-y-una-condena-historica-el-caso-de-harvey-weinstein-y-el-surgimiento-del-metoo/?outputType=amp-type
[7] https://www.bbc.com/mundo/articles/c20gd8xq592o.amp
[6] https://www.revistavanityfair.es/articulos/sean-combs-acusaciones-denuncias-fiestas-diddy-victimas
[8] https://ww3.lectulandia.com/book/menos-que-cero/
[9] https://ww3.lectulandia.com/book/las-leyes-de-la-atraccion-bret-easton-ellis/
[10] https://web.archive.org/web/20090425042432/http://www.avclub.com/articles/bret-easton-ellis%2C26988/2/
[11] https://bibliotecaunal.ucoz.org/_ld/0/15_AMERICANPSYCHOB.pdf
[12] https://ww3.lectulandia.com/book/los-confidentes/
[13] https://ww3.lectulandia.com/book/glamourama/
[14] https://www.reddit.com/r/IAmA/comments/1ebx4z/im_bret_easton_ellis_author_and_screenwriter_ama/
[15] https://ww3.lectulandia.com/book/lunar-park/
[16] https://youtu.be/jKM5dampSOQ?si=NtDfEvf7AtPB-fF6
[17] https://ww3.lectulandia.com/book/suites-imperiales/
[18] https://youtu.be/iMmdrBnc7j0?si=1EJRfOa5_gezVgtO
[19] https://ww3.lectulandia.com/book/blanco-bret-easton-ellis/
[20] https://ww3.lectulandia.com/book/los-destrozos/
[21] https://wmagazin.com/bret-easton-ellis-antes-te-ensenaban-a-comprender-un-libro-ahora-lo-que-se-ensena-es-ideologia-eso-es-malo-para-la-estetica/
[22] https://www.salon.com/2015/12/11/bret_easton_ellis_goes_on_a_misogynist_rant_to_defend_his_buddy_accused_rapist_james_deen/
[23] https://www.infobae.com/entretenimiento/2025/12/04/quentin-tarantino-desata-polemica-tras-insultar-la-actuacion-de-paul-dano-en-there-will-be-blood/?outputType=amp-type
Miguel Ogalde Jiménez (Valparaíso, 1996). Escritor y traductor. Licenciado de Periodismo por la Universidad de Playa Ancha. Realizó su tesis sobre Truman Capote. Ha sido influenciado por Roberto Bolaño, Raymond Carver y Elfriede Jelinek (y unos cuantos más). Trabaja publicando cuentos y poemas de sus amigos en editoriales autogestionadas porteñas. En la actualidad viaja y trabaja por América Latina. Puedes revisar cuentos y traducciones de Ogalde Jiménez en los números 12, 15, 19, 21, 25 y 26 de nuestra revista.

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