Performance y política. La procesión fúnebre de Tierno Galván

© Paco Manzano

Este funeral tiene diferencias importantes con otros también masivos realizados a grandes figuras del s. XX, como el de John F. Kennedy el 25 de noviembre de 1963 o el de Lady Diana Spencer (Lady Di) el 6 de septiembre de 1997. Ambas pompas si bien acogían el dolor popular, el acto era más protocolar que performático. Tenían tiempo, orden, jerarquía y diseño controlado oficialmente. Construían un espacio sesgado entre lo consagrado al desfile fúnebre y el féretro por las calles, dejando tras las barreras a los ciudadanos. Con Tierno Galván la cosa fue distinta. Ciudadanos, espacio público y cortejo fúnebre generaron un solo ámbito en la cual todos los asistentes eran coautores, construyendo una “escultura social” a escala-ciudad.

Pedro Celedón Bañados

Una de las más sensibles y gigantescas performances políticas imbuidas del espíritu republicano del s XX, fue la ceremonia fúnebre realizada el 21 de enero de 1986 para el político, sociólogo, jurista, Dr. en Derecho, académico, ensayista español y alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván (1918-1986).

Quien inspiró esta ceremonia fue tal vez la figura más carismática de España en el periodo de transición, desde la estructura franquista a la democrática. Sus huellas tienen la peculiaridad de una doble filiación, la histórica con sus acciones comprobables, y la mítica que trasciende por lejos los esfuerzos de la realidad.

Desde su figura histórica podemos consignar que nació en Madrid y que desde los inicios de la Guerra Civil (con 18 años) se unió con su familia al bando republicano donde participa en la Oficina de Reclutamiento. Al final del Conflicto pasará como miles de sus compañeros y camaradas por un campo de concentración franquista. Liberado después de nueve meses reanuda sus estudios universitarios y a los 24 años se doctoró en Derecho.

© Paco Manzano

Su vida académica como profesor la realizó entre 1948 y 1953 como catedrático en la Facultad de Derecho de la Universidad de Murcia, impartiendo Derecho Político. Posteriormente (1953-1965) dictará la misma catedra en la Facultad de Derecho de la Universidad de Salamanca, donde se ganó el apodo de “viejo profesor”. En 1965 es expulsado de su cátedra por el régimen franquista debido a su apoyo a las protestas estudiantiles.

Su nivel humano e intelectual era bastante conocido y el mismo año de su expulsión es incorporado como Profesor Visitante en la Universidad de Princeton (Estados Unidos), donde se trasladará con su mujer Encarnación Pérez-Relaño y su hijo Enrique.

Durante la dictadura ejerció un liderazgo clandestino en contra del dictador Francisco Franco, apoyando la movilización de los estudiantes en las universidades y creando institucionalidad política. Participó en la fundación del Partido Socialista del Interior (PSI) que posteriormente pasó a llamarse Partido Socialista Popular (PSP) donde era su líder. Fue miembro activo en la creación y dirección de organismos unitarios de la oposición al franquismo, como la Junta Democrática de España (JDE) que agrupaba a diversas fuerzas de la oposición, incluyendo el Partido Comunista de España (PCE). Fue parte de la comisión de los «Diez» que en nombre de la oposición unida negoció con el gobierno de Adolfo Suárez durante la Transición.  

Será reintegrado a la academia en 1977, a su cátedra de Derecho Político en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), labor que realizará en forma paralela a su cargo de alcalde desde 1979 hasta su muerte.

La herencia intelectual de Enrique Tierno Galván es amplia y rebasa el ámbito del derecho y la política. Fue traductor de Montesquieu, Thomas Hobbes, Baruch Spinoza y Jean-Jacques Rousseau, entre otros. Abordó en varias publicaciones temáticas sobre historia de la cultura, sociología, reflexiones sobre la juventud y la universidad, además de ensayos políticos.

© Paco Manzano

Cuando gana las primeras elecciones democráticas para asumir la alcaldía de Madrid en 1979, este ayuntamiento tenía 3 millones y medio de habitantes (aprox.), habían pasado solo cuatro años de la muerte del dictador y todavía no se desmontaban del todo las redes de su control.

Francisco Lagares dibujante y catedrático que vivía en Madrid recuerda que “veníamos de una España en que cada casa tenía un Informador. Este era conocido, no se ocultaba y sabíamos que él daba información de nuestras vidas. Si tenías que sacar algún certificado como el de conducir o el pasaporte, debías pedir una carta de buena conducta a la policía local, a la cual el Informador hacía sus reportes. Era un sistema como el de los nazis en tiempos de Hitler… y de allí pasamos a la absoluta libertad.”  (comunicación personal)

Al asumir la Alcaldía Tierno Galván no existía la Comunidad Autónoma, se había desarticulado hacia solo unos meses el primer intento fascista por recuperar la dictadura, la operación Galaxia liderada por Antonio Tejero (que volverá a intentarlo en 1981). Gobernaba al país Alfonso Suárez de la Unión de Centro Democrático (UCD). España había logrado tener una nueva Constitución (1978) y el pueblo comenzaba a recuperar las calles de todos los territorios como lugar de encuentro.

En este contexto se realza la figura del “viejo profesor”, supera su figura histórica y anida en el mito.

Según Manuel Sánchez Reimón, cientista político, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, “Tierno Galván tenía una capacidad de penetración intelectual poderosa y mucha sabiduría sobre la condición humana (…) Era un director de orquesta buscando la armonía”. (comunicación personal).

Durante su gobierno se recuperó el río Manzanares, lo que implicó un cambio radical para la ciudad en su conjunto. Apostó por soterrar el nudo vial frente a la estación de Atocha generando un eje urbano que articula el centro de la ciudad hasta hoy. Inicia las primeras rutas para bicicletas. Focaliza esfuerzos en barrios históricos y obreros implementando grandes trabajos de urbanización en zonas como Casitas, Usera y Vallecas, integrándolas con mayor dignidad a la vida metropolitana.

Muchos artistas reconocen que su figura es gravitante en la vida cultural que emergió como “la movida madrileña”, cuyo contexto era justamente ese Madrid que Tierno Galván y su equipo fueron diseñando al recuperar, entre otros hitos de participación ciudadana, la Fiesta de San Isidro (patrono de Madrid) y las fiestas tradicionales de los barrios.

El Carnaval es uno de estos hitos. Estaba reducido por la dictadura a unas actividades algo sosas organizadas por comerciantes en torno a la Plaza Mayor de Madrid. Recordemos que Franco temía a los encuentros ciudadanos y al teatro, al punto de prohibirlo en comunidades pequeñas en donde perdiera el control de su censura. Pero Tierno Galván y su equipo tenían otros planes y convocaron para su resurgimiento al director del teatro Gusarapo, Luis Sánchez, quien puso en escena el primer Entierro de la Sardina de la recuperada democracia.

Luis Sánchez que además de director teatral estaba involucrado con las artes visuales emergentes en el bar galería El ratón (ubicado en el barrio de las Letras-Madrid), recuerda que para responder a esta invitación estudió las obras que Goya había realizado, los textos del Arcipreste de Hita, los ritmos musicales de semana Santa y algunos textos históricos, con lo cual escribió y dirigió una interpretación de la batalla entre Carnal y Cuaresma, participando en ella más de cien actores y figurantes que realizaron una procesión desde la Plaza de la Paja, hasta la Plaza Mayor (comunicación personal).

Esta fiesta popular rebrotó por toda España como las semillas del desierto de Atacama en Chile, que por vivir un año con lluvias ofrece la impáctate escena de un desierto florido.

El alcalde de la nueva democracia facilita con sus permisos, recitales de música en espacios públicos, extender la vida del bar a las plazas adjuntas. Apoya en educación instancias claves como el macro proyecto Escuela y Cultura, enfocado en la recuperación de las cátedras para la enseñanza pública de artes visuales, música y teatro, interrumpidas por la dictadura.

Muchos de estos y otros eventos se difundían en los bandos que se pegaban en las paredes de espacios públicos de la ciudad generando una aproximación entre el alcalde y los madrileños. El tono, la belleza y a veces el humor de los bandos le imprimían un sello renacentista y posmoderno a la vez, por lo cual han sido recopilados en diversas ediciones de libros. Para mí que fui madrileño en esos años la presencia en las calles de esa palabra escrita a modo de pasquín en tiempos de una revolución pacífica como la que había soñado Allende para Chile, proyectaba un espíritu civilizador en el que el individuo era llamado a participar en la vida colectiva de la república.

Obviamente no todo es entusiasmo a la hora de hacer memoria sobre su persona y gestión. Desde una mirada macro sabemos que su actividad política no fue siempre bien recibida, lo que puede ser medido en el hecho que el PSOE liderado por Felipe González lo marginó de sus filas sin incorporarlo a ritos cívicos de la envergadura de la escritura de la nueva Constitución.

Desde las micro miradas Francisco (Paco) Manzano, fotógrafo que aporta con su imagen de la época para este texto, tiene el recuerdo imborrable de lo que no fue y “que hubiera sido lógico hacer en ese momento”. Este madrileño de siempre piensa que la gestión cultural utilizó mucho dinero para actos efímeros en los que algunas personas estaban excesivamente bien pagadas, lo que repercutía luego en que no hubiera dinero para apoyar proyectos de largo aliento, como sonorizar las salas en que se realizaba música en vivo en diferentes barrios. También encuentra que Tierno Galván se contradecía en la planificación urbana y permitió que edificios de 12 pisos se levantaran en zonas en que la vecindad tenía por norma solo 4, propiciando guetos verticales en los que resituaban a antiguos habitantes de zonas como Vallecas (comunicación personal).

© Paco Manzano

Lamentablemente este alcalde sui generis al que muchas personas incluyendo al fotógrafo Manzano reconocen que finalmente fue mucho más importante su luz que su sombra, se enferma seriamente y muere a las 23 horas del 19 de enero 1986 a los 67 años de edad.

Felipe González presidente del Gobierno de España decreta 3 días de luto oficial. Asume como alcalde Juan Barranco y debe enfrentar la ceremonia fúnebre del “viejo profesor”, encargando su coordinación a Saturnino Zapata. Éste junto a otros concejales socialistas como Carmen Peire (hoy reconocida escritora) tienen el acierto de incorporar a la reconocida cineasta Pilar Miró (1940-1997), entonces directora general de Radio Televisión Española (RTVE) quien propondrá el uso de una carroza fúnebre al estilo que se utilizó para el multitudinario entierro del poeta Pérez Galdós, en el centro del Madrid de 1920.

El equipo de la alcaldía tuvo además el acierto de comprender que un acto como este debía estar acogido en una seguridad que no utilizara la represión y que vislumbrara que asistirían miles de ciudadanos. El elegido fue Santiago Estrada, militar que como muchos en esa época venía de la seguridad franquista. “El controlaba en su cabeza a la ciudad, sabía lo que se podía cortar a nivel de calles y de tránsito, de estaciones del metro (…) era capaz de prever un desplazamiento masivo hacia el centro de Madrid” (Carmen Peire entrevista personal).

Desde la perspectiva de leer esta ceremonia fúnebre como una “escultura social”, el aporte de Pilar Miró viene a establecer el núcleo performático con su protagonista, en tanto que el trabajo de Santiago Estrada aporta con un espacio sutilmente controlado en el que se despliega el pueblo como coprotagonista.

Este funeral tiene diferencias importantes con otros también masivos realizados a grandes figuras del s. XX, como el de John F. Kennedy el 25 de noviembre de 1963 o el de Lady Diana Spencer (Lady Di) el 6 de septiembre de 1997. Ambas pompas si bien acogían el dolor popular, el acto era más protocolar que performático. Tenían tiempo, orden, jerarquía y diseño controlado oficialmente. Construían un espacio sesgado entre lo consagrado al desfile fúnebre y el féretro por las calles, dejando tras las barreras a los ciudadanos. Con Tierno Galván la cosa fue distinta. Ciudadanos, espacio público y cortejo fúnebre generaron un solo ámbito en la cual todos los asistentes eran coautores, construyendo una “escultura social” a escala-ciudad.

La ceremonia se inició en una capilla ardiente en el patio de los cristales de la Villa, donde por 29 horas, autoridades, ciudadanos y ciudadanas hicieron fila para rendirle sus últimos honores. De la Plaza de la Villa será sacado a hombros para subirlo a la carroza que recorrerá el Madrid de los Austrias hasta Cibeles, donde sería cambiado a un carro fúnebre motorizado con destino final el Cementerio Almudena.

Según Carmen Peire desde que salió de la capilla ardiente fue acompañado por “una lluvia impresionante de claveles rojos y amarillos” (comunicación personal). La procesión duró casi 5 horas. El féretro iba sobre una carroza fúnebre modelo La Imperial, tirada por 6 caballos, la cual había sido traída desde el Museo de Carruajes de Barcelona. 

Manuel Sánchez Reimón que esperaba al cortejo cerca de Cibeles en medio de una multitud impresionante recuerda que “cuando este se aproximaba se hizo un silencio absoluto, en una de las ciudades más ruidosas del mundo. Solo lo rompía las voces individuales de hombres y mujeres que cada tanto le hablaban a Tierno Galván con afecto y respeto. Le daban gracias como si estuviera vivo (…) El pueblo sabía que era de los suyos”. (comunicación personal)

El pueblo también sabía que la ceremonia se realizaba en el día de San Canuto, lo que le imprimía un toque sutil. Del todo emergió una “escultura social” en la que “todas las cosas se ofrecían unas a otras por entero y en darse estaba toda su alegría, en sentirse de otras el provecho. En parte alguna se veía el gesto helado que pone lo egoísta” (Vicente Huidobro).


Pedro Celedón Bañados. Fotografía © Luis Poirot.
Pedro Celedón Bañados (Chile, 1956). Historiador del Arte. Doctor en Historia del Arte Contemporáneo, Universidad Complutense de Madrid. Ha sido miembro de Teatro Gusarapos (Madrid), Théâtre du Soleil y Clepsyla Théâtre (Francia). Ha colaborado con Teatro del Silencio y Domo Teatro (Chile). Asesor de Teatrocinema y del Festival internacional de teatro de mujeres, Mestiza Chile (Red Magdalena Projet/Odin Teatret de Dinamarca). Su trabajo ha sido publicado en Chile, Cuba, Bélgica, España, Francia, México, Uruguay.

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