
Rosalía y Lux se consolidan como marca y producto. Simbiosis del ecosistema generado por la cultura industrializada, donde artista y arte son artículos de consumo, cosificados, alimentados y validados de acuerdo con los superventas medibles en las plataformas de visualización o su procedimiento técnico, pero sacrificando la autenticidad.
Gabriela Barría Cárdenas
Sin duda, nuestro tiempo, prefiere la imagen a la cosa, la copia al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser. Lo qué es sagrado para él no es sino ilusión, hasta el punto de que el colmo de la ilusión, es también para él el colmo de lo sagrado.
Ludwig Feuerbach
El nuevo álbum de la cantante catalana Rosalía, se titula Lux, luz en español que a su vez se conecta con la palabra catalana luxe, traducida como lujo. Por estos días, es todo un suceso dentro de la industria de la cultura de masas, un hito en la producción cultural pop. Para ello, los medios coordinan una campaña publicitaria a gran escala en todas las plataformas disponibles, donde abundan los encabezados grandilocuentes. La prensa y los creadores de contenido argumentan y analizan produciendo una epidemia publicitaria para sustentar el producto, seducir al público y desmenuzar su complejidad.
Lo cierto es que en su nuevo álbum la cantante aparece con los brazos amarrados envuelta en el hábito blanco de monja, labios dorados, con los ojos cerrados en señal de profunda devoción y una cita de Simone Weil en donde se lee: “El amor no es consuelo, es luz”.
En su nueva perla comercial combina los antiguos géneros que la hicieron famosa en el mercado global como el trap urbano, reguetón y flamenco, en los elogiados álbumes Motomami, Mal querer y Los ángeles. Pero esta vez agrega una nueva combinación, la música clásica y electrónica. Para ello contrata a la London Symphony Orchestra, el Cor de Cambra del Palau de la Música Catalana, la Escolanía de Montserrat y el Orfeó Catalá, entre otros. Y a artistas prestigiosos como la cantante de Fado Portugués Carminho, quien aporta letra y composición de «Memoria»; las cantantes flamencas Estrella Morente en «Madrugá» y Silvia Pérez Cruz en la» Rumba del perdón»; y la artista de pop alternativo Björk en composición y arreglos en » Berghain». Además, Patty Smith con un texto en la «Yugular», Yves Tumor en música electrónica experimental, y los compositores y productores Noah Goldsteins, Dylan Wiggins, Caroline Shaw, David Rodríguez, Ryan Teddy, entre otros.
Es una superproducción industrial, en la que los participantes; cantantes, coros, orquestas, ingenieros, productores, compositores, letristas, arregladores, diseñadores, productores audiovisuales son engranajes qué se ensamblan a una voz dulce y melódica de melismas complejos, junto a mecanismos industriales, autotune, susurros procesados, texturas, subtone, asperezas, ecualización, y saturación de la voz protagónica para dar una composición maximalista junto al componente intimista. La alta cultura de la música clásica se mezcla con la baja cultura del trap o el reguetón, lo que genera una música pop con tintes barrocos como producto estandarizado y de calidad técnica. A su vez se configura a las plataformas digitales y el streaming que es donde se concentra la mayor parte del consumo y monetización de la música, apostando a lo conceptual, visual y sonoro como adaptación exitosa del avance industrial en la reproducción y creación.
Walter Benjamin definía que, en la época de la reproductibilidad técnica, el Aura de una obra de arte, concebida como la singularidad del aquí y el ahora y su condición de autenticidad se perdían al ser reproducidas. Advertía que el avance de la técnica por sobre la creación humana devoraba el Aura. En este caso, veo un claro ejemplo del triunfo de la técnica y los mecanismos industriales por sobre el Aura. Según mi visión, la fabricación del Aura en el estudio de grabación, más que en la experiencia del concierto, para ser reproducida a través del espacio digital conduce a la pérdida del Aura.
A su vez Rosalía y Lux se consolidan como marca y producto. Simbiosis del ecosistema generado por la cultura industrializada, donde artista y arte son artículos de consumo, cosificados, alimentados y validados de acuerdo con los superventas medibles en las plataformas de visualización o su procedimiento técnico, pero sacrificando la autenticidad.
Lo espiritual en esta propuesta pop, acrecienta y genera la construcción de la diva del espectáculo a la divinidad del espectáculo, incrementando la idolatría y la fetichización de lo espiritual. Es observable en algunos miembros de la generación Z el aumento del uso de las aureolas teñidas e iconografía religiosa, evidenciando el poder de la propaganda y el marketing en la alienación cultural. La falta de crítica a la industria es otro síntoma del éxito de la homogeneización cultural, concentrada en monopolios culturales comoColumbia Records, entre otros. Todas problemáticas y observaciones planteadas por Theodor Adorno y Horkheimer en la crítica a la industria cultural.
Si se desentrañan los recursos técnicos utilizados en este tejido industrial, podemos visualizar el collage sonoro, visual, poético, espiritual y filosófico del pop contemporáneo con tintes barrocos.
El álbum contiene dieciocho canciones. La cantante, quien habla catalán, español e inglés, en el disco incorpora trece idiomas, justificados en sus inspiraciones espirituales, que a su vez genera una buena estrategia comercial para abarcar un público más diverso ampliando su alcance en el mercado global a través del collage lingüístico con doble función.
En lo estético y lo visual observamos símbolos católicos como catedrales, tacones con cruces, rosarios, ángeles, vírgenes, joyería del sagrado corazón, palomas, aureola rubia teñida en la cabeza, hábito de monja e iluminación de focos de espectáculo para dar la ilusión de que la luz divina se dirige hacia ella alumbrando con todo su esplendor.
Ideológicamente, es una respuesta ante la crisis social que genera el vacío de la vida centrada en el consumo, el privilegio, la fama, la explotación y autoexplotación, valores de la sociedad capitalista y más fuertemente en sus temáticas, el de las relaciones amorosas también fútiles y desechables, qué ante el desengaño amoroso encuentra respuestas en lo espiritual, pero no en una espiritualidad integrada, consciente y emancipadora, sino individualista, resignada, que busca anestesia y consuelo en Dios.
El hedonismo materialista se expresa musicalmente en el reguetón, trap, autotune, saturaciones y electrónica, para acentuar el exceso: lujos, sexo, joyas, autos, llantas, motos, vino francés, diamantes, rencores, tentaciones, debilidades, o reafirmaciones. El idealismo sacro y lo elevado se expresa musicalmente a través de lo clásico, en la emulación de Aria en latín en «Mio Cristo piange diamanti», «Berghain», «Divinize», «Magnolias»,» Porcelana». Ornamentación sonora que acentúa la idea de paraíso, divinidad, santos, palomas, ángeles, salvación y espiritualidad centrada en el yo y ambos universos se combinan con flamenco en la totalidad del álbum.
En las letras también se utiliza el collage, síntesis de ideas derivadas de la inspiración en santas, utilización de jergas en contraste a las palabras divinas, uso de tópicos, la antítesis de lo profano y lo divino como tema central, la contradicción mística entre cuerpo y alma que busca el religare tras el dolor terrenal que provocan las experiencias del desamor y que es ofrendado a la divinidad para su propia salvación, intertextualidad y resignificación de otras tradiciones religiosas, como en «La yugular» donde toma como referencia a la mística Sufí Rabi’a al Adawiya y dialoga con la poesía sufí y el islam, incorpora la visión de los 7 cielos, la visión de que Dios está más cerca del hombre que su propia vena yugular y en los corceles del islam, acompañado de su propia versión.
En “Reliquia”, inspirada en Santa Rosa de Lima, utiliza el tópico de la pérdida de piezas corporales y otras pertenencias por diferentes ciudades y países del mundo, la identidad fragmentada por amor y omnipotencia, reafirmado en la idea de que su propio corazón no le pertenece, pues siempre lo da, aunque pierda la vergüenza, o la lengua, o un mechón de cabello. En «Madrugá» dedicada a Olga de Kiev, la resignificación es sintetizada en la disyuntiva de Kiev de la venganza y justicia como sagradas y en «Novia robot» en Sun du ‘er y Miriam, aparecen las temáticas del amor romántico y el desamor y el refugio en lo divino, la emancipación monjil, que reclama en el celibato, el castigo y autocastigo de los placeres mundanos, que generan las dinámicas desequilibradas de las relaciones amorosas y la castidad como su vía de liberación. En «Sauvignon Blanc», dedicado a Teresa de Jesús, sintetiza su idea de desprenderse de lo material y alcanzar la pureza bebiendo un exclusivo Sauvignon Blanc, «Magnolias», basado en la mística Hindú Anandaayi Ma, se sintetiza la idea de la muerte como trance y celebración, imaginando su funeral mototero, donde el lujo y el jolgorio son el escenario donde amigos y enemigos se reúnen para celebrar su despedida, donde existe el llanto, pero prima la celebración para acompañarla de regreso al paraíso estelar, en el viaje de la muerte a la vida eterna, mientras beben vino, queman llantas y le arrojan magnolias al ataúd.
Por esto, donde la gran mayoría cataloga Lux como una obra maestra de las últimas décadas, observo nuestra crisis y alienación cultural. En contexto de la mayor crisis de la globalización, con posibilidad de una tercera guerra mundial, en donde la humanidad es rehén de un futuro incierto, en manos de los grandes intereses geopolíticos, un genocidio en Gaza, proliferación de la violencia y desproporción de la fuerza contra los inocentes, quizá las más profunda transformación del orden mundial, desde la segunda guerra, Lux se nos presenta como la orquesta pop del siglo, con ambientación de violines y poesía vacía del consuelo, un archivo de posmodernidad y el despliegue del artista ajeno y anacrónico, perdido en la búsqueda de la sacralización del yo, encandilando a corto plazo con luz artificial y donde tanto fanatismo desnuda la carcajada desde el espejo de nuestra inconsciencia.
*Agradecimientos: A los profesores Karina García Abadiz y Rodrigo quienes han sido motor, orientación y apoyo incondicional a través de sus clases de teoría crítica como asociación cultural PlexoAmérica.

Gabriela Barría Cárdenas. Nacida en Ancud, Archipiélago de Chiloé, Chile. Es una escritora autodidacta de poesía y narrativa. Actualmente es miembro de PlexoAmérica. Ha escrito poemas y textos para la revista Desórdenes y PlexoAmérica. Reside en Málaga, España.

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