La banda sonora de una generación. Sobre «Cancionero» de Patricio Contreras Navarrete

Cancionero de Patricio Contreras Navarrete está dividido en tres secciones: Bolero, Ocho muchachas y Contrafactum, los que operan como estaciones de un trayecto marcado por la memoria poética y musical. Cada poema se convierte en una canción escrita, una melodía que no es explícita pero que resuena en cada página.

Luisa Aedo Ambrosetti


Patricio Contreras Navarrete (Santiago de Chile, 1989) nos entrega en Cancionero un poemario que entrelaza memoria, música y testimonio en una escritura intimista, pero también social. Este libro, publicado por Editorial Ultramarina en 2025, se despliega como un viaje a través de canciones que almacenan el inconsciente colectivo de una época: la de los hijos de la dictadura chilena.

Por lo mismo, se transforma en una búsqueda de lo identitario que la memoria pierde con los años, ya que los nuevos eventos y experiencias de la vida nos hacen desdibujar ese pasado que muchas veces viene cargado de amores y muertes propias y ajenas. El autor ya había adelantado parte de esta propuesta en Bolero (La Vieja Sapa Cartonera, 2022), donde realiza una comunión compuesta de pequeños textos que en Cancionero amplía hasta conformar un repertorio diverso, en el cual la poesía funciona a modo de partitura.

El libro está dividido en tres secciones: Bolero, Ocho muchachas y Contrafactum, los que operan como estaciones de un trayecto marcado por la memoria poética y musical. Cada poema se convierte en una canción escrita, una melodía que no es explícita pero que resuena en cada página.

Pareciera una obviedad recordar que la poesía y la música comparten un fondo en común, que uno de los elementos preponderantes de lo poético, aparte de la palabra y las imágenes, es la musicalidad que propone una obra. Por supuesto, esto no quiere decir que todo poema tenga musicalidad y ritmo o que toda canción proponga una escritura poética. Sin embargo, esta relación iniciada en la tradición oral, ya sea de los griegos o los pueblos originarios, nos entrega un doble registro de sonidos. Sobre esto, me gustaría citar a T. S. Elliot en “La música de la poesía”, cuando explica:

Parecerá extraño que, cuando me propongo hablar de la “música” de la poesía, ponga tanto énfasis en la conversación. Pero me gustaría recordar antes que nada que la música de la poesía no es algo que exista fuera y aparte del significado. De otra manera, tendríamos poesía de gran belleza musical que no tuviera ningún sentido, y puedo asegurar que jamás me he encontrado con tal clase de poesía. Las aparentes excepciones muestran sólo una diferencia de grado: hay poemas en los que nos emocionamos por su música, y damos por sabido su significado, de igual manera que hay poemas en que nos preocupamos por su significado, emocionándonos su música sin que lo notemos.

De ahí la importancia de esta conversación entre música y poesía, que Elliot representa también con los significados, llevándonos a una reflexión más amplia sobre lo anteriormente dicho.

Por esto, Cancionero presenta, entre uno de sus rasgos más llamativos, la constante intertextualidad en los títulos de los poemas con canciones del repertorio popular y los grabados incluidos en su interior. Contreras convoca a figuras como Charly García, Los Prisioneros, Iggy Pop, Joy Division, Freddie Mercury, Mon Laferte o Depeche Mode, un verdadero popurrí que acompaña a textos tanto hilarantes como tensos en una poética híbrida, como la escritura misma del libro. Es importante destacarlo, ya que los géneros comienzan a usar otras herramientas para combinar el lenguaje en la contemporaneidad y la hibridez es una marca de agua de estos tiempos, lo que hace más ligera la lectura.

Por otro lado, la voz poética se fragmenta entre lo memorístico personal y los gritos colectivos. Por momentos se trata de un hablante herido, que revive la intimidad de un amor adolescente o la fragilidad de un intento de suicidio; en otros, es un testigo de la revuelta social chilena el año 2019 y da testimonio de la represión policial; o bien, aborda la pobreza de los barrios populares. Nos hace viajar entre ciudades de mares y de cemento en donde las voces se vuelven masivas. Esa tensión entre lo íntimo y lo político es uno de los mayores aciertos del libro: la poesía como crónica personal y social, como un espacio donde el dolor privado se funde con la memoria colectiva. En el poema “Back to Black”, por ejemplo, los últimos versos dicen:

Llorar

mientras vemos fotos

que ya no parecen propias (66)

Allí, el dejo de nostalgia refleja la canción homónima que le da título, la tristeza y la idea de la muerte que conlleva, en esos breves versos. Por lo demás, recordemos que en la poesía de Cancionero está presente la memoria no sólo personal e íntima, sino que también, como afirman autoras como Beatriz Sarlo o Nelly Richard, la escritura poética puede interrumpir los discursos oficiales mediante lo fragmentario o disidente del recuerdo.

En este sentido, Cancionero también funciona como un dispositivo que da cuenta de un espacio, un país neoliberal, de la represión de la revuelta social y, en general, de las precariedades e injusticias que ya no parecen previstas desde la subjetividad de una voz que, como he dicho, representa a una parte de la generación nacida entre los 80 y los 90 principalmente. Sobre estas ideas, cito el poema “Un ramito de violetas”:

                                          Vives y vivo para dar testimonio

                                          tomarnos las manos y ver crecer

              las flores sobre el cementerio (73)

El poema “Antiyuta”, por ejemplo, convierte la protesta callejera en canto amoroso, donde los ruidos de la violencia se mezclan con la ternura, la esperanza y los latidos de un corazón:

Intentas gritar en medio de la noche

                            una paca culiá te persigue en sueños

                            la policía logró meterse en nuestra cama

aprieto tus manos y tu corazón retumba

                            es una cuchara golpeando una cacerola

                            afuera se oyen gritos / personas corren

                            la juventud lucha por mantener el fuego

                            son corazones / cucharas golpeando cacerolas (27)

Entonces, podemos concluir que Cancionero es más que una colección o recopilación de canciones y poemas, los que pueden incluir música y letras, retornando a un pasado de librillos llenos de acordes que comprábamos en las ferias o en los negocios del barrio. Más bien, es traer al presente las memorias colectivas de los dolores y los amores humanos, como una banda sonora para nuestras vidas.

Jean Jacques Pierre-Paul, Patricio Contreras Navarrete y Luisa Aedo Ambrosetti en la presentación de Cancionero.

Luisa Aedo Ambrosetti (San Antonio, 1982). Poeta. Profesora y Licenciada en Filosofía y Educación. Magíster en Literatura Hispanoamericana Contemporánea (UPLA). Dedicada a la investigación de poesía chilena. Ha publicado los poemarios Desierto marino (Edipos Ediciones, 2018); Desmarejada (RIL Editores, 2020); Zurcir (Palabra Editorial, 2024) y Puerto Antonia (Palabra Editorial, 2025).

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