«Kit de supervivencia (de niñas que usaban Baby G Amarillo)» de Natasha Isabella Martínez

Mi amistad con Natasha nació del llanto, un llanto similar por un mismo hombre del que decidimos enamorarnos en distintas etapas de nuestra vida, el cual nos destruyó el corazón y el ego. Nos juntamos a contarnos nuestras desgracias con este amante pasado, sin poder recordar el nombre de su perro y, a la tercera cerveza, nos dimos cuenta de que ya no hablábamos de él, sino de nosotras, de una infancia y una adolescencia similares, donde poesía y locura habían corrido por nuestra casa, inundando nuestras vidas, parafraseando un poema de Hanni Ossot.

Pamela Rahn Sánchez


Natasha demuestra, dentro de la prosa de este libro, una libertad humana para enfrentar el desamparo de la vida, una libertad que es tanta que a veces se vuelve una coraza. Es una niña-mujer desenfrenada que ríe y llora como abriéndose a lo mundano y a lo bello. Destila desidia por el porvenir, un pesimismo pop y una ternura hacia la sombra que habita en los corazones del lector, como una amapola que se va introduciendo poco a poco dentro de ti hasta florecer en tus entrañas.

Al ir adentrándose en este libro es imposible no reírse; sucede como con las mentes brillantes: terminas riendo de las cosas más hondas y dolorosas, de verdades disfrazadas de chistes o nombradas de una manera tan delicada —o, por el contrario, tan directa— que uno solo puede reír ante la sombra y todas las aguas que la acompañan. Como dice Gastón Bachelard, “la infancia es un agua humana, un agua que sale de la sombra”, y es así que vas abrazando poco a poco sus palabras. Por eso este libro se siente parecido a abrazar a una amiga mientras se te escapa una lagrimita tímida o un llanto completo, sin ningún pudor de sentimiento.

Podría decir que mi amistad con Natasha nació del llanto, un llanto similar por un mismo hombre del que decidimos enamorarnos en distintas etapas de nuestra vida, el cual nos destruyó el corazón y el ego. Nos juntamos a contarnos nuestras desgracias con este amante pasado, sin poder recordar el nombre de su perro y, a la tercera cerveza, nos dimos cuenta de que ya no hablábamos de él, sino de nosotras, de una infancia y una adolescencia similares, donde poesía y locura habían corrido por nuestra casa, inundando nuestras vidas, parafraseando un poema de Hanni Ossot. También, como guiño al título del libro, debo decir que yo fui una niña de Baby G amarillo, y al leer el poema me sentí entendida cuando Natasha supo encontrar, en ese rasgo que parece un detalle superficial, tantas capas, que eran y fueron y que aún llevo en mí.

El libro está dividido en 5 partes. La primera se llama “Canciones para niñas que todavía creen en el Niño Jesús”. Entra fuerte con “Navidad del 98”, un poema corto pero contundente que es como una especie de ars poetica o presentación de la autora. Luego continúa con “Quemar la segunda casa”, un poema que está publicado en la antología Rafael Cadenas, y que podría ser el más tradicional dentro del libro; sin embargo, sigue manteniendo esa voz que habita en medio de la desesperación de un fuego interior. Este poema dice: “ábreme completa /la herida/la casa/la costra palpitando en el piso viejo/ábreme completa para quemarlo todo/por última vez”. Con este verso tan develador y erótico, el lector entra por completo en la voz de la autora y en lo que el libro seguirá escurriendo, donde hay siempre un hombre —un amante futuro o antiguo— a quien Natasha le habla, una familia incompleta o ausente, y una infancia que la hace temblar y reflexionar en los límites de su vida.

“Cuentos para dormir ligeramente inapropiados” tiene una frase cuyo poder sensorial inunda los sentidos: “Veo chiripas en la cocina/ y las dejo tranquilas/ que pasen como resacas/ o las manos de los hombres que no me quisieron”, y me lleva a pensar en Clarice Lispector en su libro “La pasión según G.H.”, donde ella espera a un hombre mientras se obsesiona con una cucaracha. “Debería ser feriado el día en que moriste” es para mí el poema estrella del libro, al comenzar a leer te golpea el ingenio y el dolor que contiene adentro. Todo el diálogo con el carnicero sobre su padre muerto me traslada a Miyó Vestrini en su poema “Zanahoria Rallada”, pero en este caso la autora cumple los dos papeles del poema de Miyó: es tanto el médico que cuenta con frialdad la muerte como la paciente que lleva una muerte más compleja que un simple llanto dentro de ella.

La figura de su padre suicida se vuelve un fantasma en el arte, en el sexo, en la vida común. Hay una culpabilidad en no sentir un dolor por el padre o en sentir un dolor descompuesto. “Mi papá murió hace 21 años/ es decir puede beber legalmente en Estados Unidos/podría votar/ unirse al servicio militar y divorciarse/…así de maduro es mi duelo”, dice la autora en el poema antes mencionado, humanizando el duelo, dándole voz y vida a un sentimiento. “Vi ahora que han pasado 21 años. No sé si yo a mis 32 le caería bien a mi padre muerto/si todavía viviera”, este poema te lleva en subida y bajada emocional. Es extrañamente jubiloso, cotidiano y a la vez esconde un gran asidero de dolor que la autora lleva como una costra.

La segunda parte, “Taller de expresión oral y escrita para niñas tímidas y participativas”, tiene, al igual que la primera parte, 4 poemas. Sin embargo, es más ligera, sin esto querer decir más cálida. En estos poemas habita cierta frialdad que dialoga con nacionalismos, conversa con el lector; otra voz que se abre al mundo acostumbrada al dolor, pero donde hay una aceptación, un soundtrack con el que la autora baila tímida pero divertida, y se permite aprender de su dolor entre la multitud de una urbe, de un salón de clases, de una cena familiar o de un cuadro de Cabré.

“TQM NUNK CAMBIES (A MENOS QUE SEA DE NOVIO O DIRECCIÓN)”, un poema que me está dedicado, nos habla de una melancolía tierna por el lenguaje de un territorio perdido y también de la aceptación; quien no le queda más que reír y llorar ante la frialdad. La voz cotidiana del título que va a ir creciendo en el libro le otorga cierta frescura que hace consonancia con la Alt Lit, y no es casualidad que aparezca citado dos veces Óscar García Sierra, uno de los exponentes más importantes de lo que fue esa corriente pequeña pero notable que surgió en la literatura años atrás. El siguiente poema, “Naturaleza muerta”, dice: “cuando era una niña/ un 31 de diciembre/le dieron las doce llorando/ ¿por qué llora esa niña? ¿por qué lloras? ¿por qué?”. Es de los pocos poemas donde la autora se deshace de la primera persona para ser vista desde la mirada del otro. Me parece una decisión acertada porque es como si alguien pudiera espiar por un huequito a esa niña que llora. Y también volvemos otra vez a la Navidad, ese escenario tan importante en la infancia. ¿No es la Navidad tal vez la época más importante en la vida de un niño? ¿La más alegre o tal vez la más traumática? Natasha es una niña que ama los rituales, pero que no se adapta. Son sus sentimientos los que dan cierto color distinto a la noche más iluminada del año, donde siente por primera vez la intuición de una soledad y una claridad de volverse lejana con lo común. En “La vida secreta de las plantas de interior” dice: “Y entendí que solo soy un pequeño cactus abandonado en un escritorio de oficina”. Esta imagen me fascina, es tan simple y poderosa, tan cinematográfica. En la construcción de esta narrativa, podemos apreciar la historia de la autora con el cine, donde la imagen puede abrumar de soledad, hacer reír y enternecer al lector.

En “Clases de mitología griega y sismología” dice: “Sigo huyendo a los lugares prohibidos, no podría resistirme a la ironía de morir en un portal”. Es un poema de amor muy hermoso y místico. Hay una escuela de la herida y del acto de ser amante, donde mundo y mito logran unirse para tejer una imagen de un mundo interior de una escritora que utiliza las formas del lenguaje con ternura y entrega, una especie de soplo sagrado.

La tercera parte se llama “Archivo no tan confidencial de desaparecidos sin sepulcro”. Es una parte enfocada mucho más en las decepciones amorosas y en las muertes, aquellas tumbas abiertas que la autora todavía carga sobre su espalda. Tiene ocho poemas. De ellos destaco “Todos tenemos teclas nulas, me decía”, donde mezcla, a través de la música, a amante y figura paterna. En este poema la autora encuentra en la crueldad del amante una visión del abandono del padre. Utiliza el piano, instrumento que amante y padre tocaban, para otorgarle al poema una sonoridad visual. En “Regla #1 Fuck Polite” pasa de un tono más dramático a uno más jocoso y conversacional, donde la palabra «ex» crea un fonema que hace que el poema se sienta más rítmico y enredado, como es el sentimiento que contiene adentro. La autora, cito: “eres lo que pasa/ mientras hago la cola/ lleno la planilla/ hago el respaldo del disco duro/y te quedas en mí otra vez”. Hay un juego durante toda esta parte con la memoria. La memoria es una casa que habla de tu vida, no solo la tuya propia sino la memoria que otros tienen de ti. ¿Qué hay peor que ser un amante olvidado? Ser un amante recordado con cariño, sobre todo para alguien que siente intensamente.

En “2 AM hablando con mi crush”, el material del vidrio atraviesa todo el poema. Es inesperado con lo que te encuentras después del título, y sugiere esa profundidad poética y a la vez el tono cotidiano millennial que este libro propone. Nos dice: “Callo y me hago la interesante/ pero a veces/ me veo como la grieta de una ventana/ incapaz de cubrir/ esa transición entre la memoria de un cuarto y el polvo de la esquina”. Al igual que en otros poemas, la autora se ve como alguien quebrado, solo que en este verso, la fisura es más pública y a su vez es incapaz de cumplir una función específica. El poema continúa, la belleza del vidrio como material: puede ser una ventana rota pero también algo maleable, capaz de soportar el calor, herir y ser frágil. La aceptación del fracaso es también la aceptación del cambio.

En los siguientes poemas se sigue construyendo el perfil de hombres malos. Aunque decir hombres malos sería injusto, es más complejo que eso; tal vez deberíamos decir amantes que se quedan a medias, que huyen y se excusan, pero a los cuales, sin embargo, a pesar de todo ella desea. Este rasgo la compone, se conforma y se deprime: ser amada o tomada por un hombre cuyas alas blancas son tan frágiles en comparación con la estruendosa soledad que la hacen sentir. En “La importancia de llamarse José Alejandro” dice: “soy la página perdida/pésima traducción de un libro amado”.

En la cuarta parte del libro, que se titula “Comunicado en defensa de las niñas lloronas”, con 7 poemas, el estruendo pasa a ser silencio que se expande y suena alto dentro de ella. En “Memoria del árbol caído (autorretrato de la que soy ahora)” dice: “ahora estoy con los tímidos/los que dicen/no sé, elige tú/está bien/ok/ahora estoy con los que miran antes de saltar y no saltan/y el mundo sigue girando sin extrañar ese vértigo inútil.” Estos versos que abren el poema denotan una rabia punzante hacia su miedo. No quiere ser esa persona, quiere ser la persona valiente que se atreve a sentir el dolor en todo su esplendor, como en las dos partes anteriores, pero ahora es una tímida que sabe que es inútil su vértigo. En “Cementerio de mascotas”, dos amigos o ex amantes caminan por una tienda de peces caníbales. El agua de las peceras se mezcla con el agua de las emociones, parece una escena de una película punk de sexo y decepción. Esto es algo que Natasha logra con maestría: combinar lo cotidiano y lo emocional para luego terminarlo en algo erótico, pero no solo erótico, sino pícaro-triste. El final describe lo que digo: “peces caníbales/territoriales solitarios/flotando cada uno en su vaso/pegados a una pared/sobre una pecera vacía/y una foto lapidaria/que se empaña cuando nos tocamos.” Luego vamos con dos poemas que me hacen reír por el título, “Ahora solo me escribe Movistar… y Digitel”, en el que destaco un verso del último: “Ella sabe que no marcó el número/para encontrar una voz/sino para llorar al ritmo/ de una llamada perdida”. Es una imagen muy millennial y de una soledad devastadora que no deja de aparecer en el libro, que todos hemos sentido en algún momento: extraviados, y con mucho saldo en el celular.

En la quinta y última parte, “Kit de supervivencia (para niñas que usaban Baby G amarillo)”, que le da título al libro, tenemos siete poemas, donde la infancia es protagonista, ese gran estanque en donde se mira con fondo verde liquen, como decía Hanni Ossott. También es la parte donde la cultura pop y la fantasía, así como el mito, están muy presentes, donde la figura masculina continúa desde una mirada cruda y oscura. Natasha empieza con “Siempre se llega tarde al vértigo de ser mujer”, un poema donde habla la niña que fue y que la hizo convertirse en la amante que es hoy en día, dice: “recordarás a tus amigas/quejándose de que sus padres tardaban para buscarlas al colegio/ y tú siempre llegabas a tiempo a una casa sola/ porque te ibas con el transporte” y termina en ese mismo poema: “morir amando y amante/ de alguien que comprenda/ que tú esperarías pacientemente/ en el colegio/ en el café/ y en la vida/ a quien llegue a buscarte para llevarte finalmente a casa”. Es un poema muy determinante, al ser un libro de la infancia que está a la vez dialogando con la adultez, termina también siendo un libro psicológico y psíquico.

En los siguientes poemas, “Síndrome de Wendy Darling”, “de Campanita”, “de la Sirena Herida” y “de Peter Pan”, ella va cosiendo en la imaginación del lector a través de un cuento infantil el tejido de una realidad con los códigos que ella ha logrado descifrar del comportamiento humano. Wendy es una mujer que deja la ventana abierta a todos sus amantes, sin esperar que se queden. Campanita es una mujer celosa y experimentada que entiende más a los hombres que Wendy y sabe que valen poco, pero se sigue encendiendo como luciérnaga para los que sí valen. La sirena es una mujer que continúa cantando así le den migajas. Y Peter Pan es un niño que te hace love bombing y luego desaparece. La autora lo describe en un verso de “Síndrome de Peter Pan”, que da final a esta saga de poemas: “Los hombres Peter Pan /son como las familias en las novelas rusas/los comienzos felices se parecen todos/y los finales miserables/lo son/ cada uno a su manera”.

Para cerrar, tenemos el “Inventario de niñas Casio”, poema que le da explicación al título del libro, busca construir a través de la cultura masa de los 2000 un perfil emocional de una niña que se siente amarilla, es decir, ni azul ni rosa, un color raro que elige quien busca liberarse del miedo, construir una zanja en la grama verdosa de la casa ajena, para bailar con tristeza pero con valentia y volverse amante de cualquiera que decida preguntarle su nombre. Es probable que también se robe al gato antes de desaparecer a escribir un poema.


Pamela Rahn Sánchez (Venezuela, 1994). Es realizadora cinematográfica. Autora de varios libros de poesía, tales como El peligro de encender la luz (2016, Hanan Harawi, 2016, Perú y Ecuador), Flores muertas en jarrones sin agua (Ediciones Alterna, Argentina), Breves poemas para entender la ausencia, ganador del concurso Gloria Fuertes de Poesía Joven (2019, Torremozas, España), El radio de pilas y otros poemas (2020, Fundarte, Venezuela), La luz entre las cosas (2020, Sion Editorial, Guatemala) que incluye el poema “Una casa que respira”, ganador del 1er lugar en el concurso Physis de la UCAB. En 2022 publica una antología de su poesia reunida titulada La silla vacía (2022, Taller Blanco Ediciones, Colombia). Fue residente en el prestigioso International Writing Program de la Universidad de Iowa. Es parte de las antologías, Inventus: Antologia de ciencia ficción, curada por José Urriola (Amazon, 2022), Los Novísimos (ABEdiciones UCAB, 2023), “Poblar la intemperie (2023, La Poeteca) y Poemas en bicicleta (2024, La Poeteca). Su próximo libro “Like” será publicado por DosPajaros Ediciones, este año.

Natasha Isabella Martínez. Caracas, Venezuela, el 15 de febrero de 1993. Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela. Dramaturga y actriz. Autora y directora de Marilyn Monroe: Frente al espejo (2020), obra teatral ganadora del Festival Internacional Cajanegra. Mención honorífica en el Tercer Concurso de Dramaturgia Trasnocho Cultural con la obra Natalie Wood: Perséfone de aguas oscuras. Finalista de la Séptima Edición del Concurso de Poesía Rafael Cadenas. Guionista y actriz del cortometraje Ritorno, dirigido por Marialejandra Martín, y el cual cuenta con diez selecciones oficiales en múltiples festivales, incluyendo el premio a «Mejor Cortometraje de ficción» en el Festival ELCO 2024. Sus poemas y obras teatrales han sido publicados en diversas antologías en lengua hispana.

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