el soldado soviético

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Francisca Camelo

[Traducción de Mijail Lamas]


me observa con su aire desorientado

intenta mantener la compostura

pero todo en él

la barba de tres días

las ojeras de quien hace mucho no duerme

el abrigo demasiado grande

para su cuerpo delgado

todo en él

podría ser mi hermano menor

cuando era aún más joven

sin haber pedido

estar ahí

mucho menos

habría pedido

ver al alemán

de lado occidental

morir sobre el muro

con un tiro en la verija

que tal vez él le haya disparado

todo en él dice

no pedí estar

aquí

pero fue

aquí

que me mandaron

me parece que incluso intenta sonrreir

no le soportarían

tanta ausencia de gloria

hay una mueca ligerísima

del labio superior izquierdo

inmediatamente antes de las pecas

contra la piel pálida

casi una tentativa

de orgullo

aún después de haber oído decir

por favor por favor sálvame

aunque ha observado

a ese hombre demasiado tiempo

como para poder olvidar el color

de los zapatos que le caían

o el acento específico

de las groserías

que decía mientras

se desvanecía en el muro

querer quitarlo de ahí

quieto, la guerra

está en la distancia

de una disparo más

dos días seguidos

ese soldado con quien me crusaba

todos los días

me miraba de lejos

mientras hacía el camino

de la casa al trabajo

nunca vi morir a un hombre

o retiré a un civil

de arriba de un muro

sabiendo que podría estar vivo

o fuese otro el ángulo

con que el alambre de púas lo atrapó

u otra la dirección

hacia donde los soldados de los

dos-lados-de-la-barricada

decidieron no mirar

por todo esto imaginaba

que percibía el mundo

mejor de lo que alguna vez

yo lo entendería

y juntos leíamos el desapego

de los día en que intentamos

sonreír para la fotografía

aún sobre la total ausencia de

gloria en los pequeños gestos

sobre todo esto hablaba con él

como se habla con un cristo

en una iglesia en ruinas

o con un gato

en una casa donde no vive nadie

hace mucho tiempo

él me miraba de lejos

explicaba es solo un día más

mira que hoy nadie muere

a veces decía el muro

parece no haber caído

pero solo podemos esperar

por el último turno

y entonces lo imaginaba volviendo a casa

después que le tomaran esa fotografía

y la exhibieran en el punto más alto de la calle

a la que él nunca volvería

quitarse primero el sombrero

y entreverse el cabello zanahoria, rapadísimo,

después desabotonar el abrigo

le es difícil liberarse

primero del botón plateado

y después del peso de todas las insignias:

las estrellas soviéticas

la hoz, el martillo

el número que se destaca sobre todas ellas

después la corbata oscura,

la camisa verde militar

desnudarse lentamente

la piel, sudada de nervios

de por vida, alguna irritación

en las axilas y en las zonas de fricción

a pesar de la noble camisa de lino

finalmente el alma

colgarla en una percha

en el lugar más fresco del cuarto

mirarla durante largos minutos

darte cuenta que te molestaría menos

debajo de la cama

dar un trago al vodka

al final dos, más de dos

tal vez un barbitúrico

tal vez uno no baste

finalmente cubrirse con la sábana blanca

todos le ven el rostro:

nadie

sabe su nombre.

* Este poema pertenece al libro Photoautomat, de la autora portuguesa Francisca Camelo, publicado en México por Círculo de Poesía Ediciones, en traducción de Mijail Lamas.


Francisca Camelo (Oporto, 1990) es poeta y artista escénica. Sus poemas han aparecido en varias antologías y revistas, especialmente en Portugal y América Latina. Su poesía ha sido traducida al español, griego, francés y alemán. Es autora de los libros Cassiopeia (Apuro Edições, 2018); Photoautomat (Enfermaria 6, 2019 y en Círculo de Poesía Ediciones, 2025); O Quarto Rosa (semi-finalista do Prémio Oceanos 2019, Corsário-Satã), A Importância do Pequeno-almoço (Fresca Edições, 2020), Quem me comeu a carne (Nova Mymosa, 2022), del libreto para ópera Torre da Memória (2023, Quarteto Contratempus) y el libro sobre adultos, pero para niños, A Casa Invisível (APCC, 2025). Organiza recitales de spoken word y conversaciones mensuales con otros poetas, en su proyecto Sin.cera.

Mijail Lamas (Culiacán, 1979) es poeta, traductor y maestro de escritura creativa. Tiene un MFA en Creative Writing por la University of Texas at El Paso. Ha publicado los libros de poemas Contraverano (2007), Cuaderno de Tyler Durden seguido de Fundación de la casa (2008), Trevas. Canción del navegante de sí mismo (2013), El canto y la piedra (2017), Un recuento Parcial de los Incendios, selección de poemas 2007-2017 (2022) y Memoria del desierto (2023). Editó cinco volúmenes de poesía internacional para Valparaíso Ediciones México y Círculo de Poesía Libros. Tradujo las antologías Lluvia oblicua. Poesía portuguesa actual (2018), ¿Lo diría mejor el tiempo? Un siglo de poetas portuguesas (2020) y [corset], de Beatriz Hierro Lopes. Ha obtenido el accésit del X Concurso de Poesía Ciudad de Zaragoza 2011, el Premio de Poesía Clemencia Isaura del Carnaval Internacional Mazatlán 2012 y el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen (poesía) en 2023. Fue editor de Rio Grande Review, revista del Creative Writing Program de la University Of Texas at El Paso. Es uno de los editores de la revista electrónica Círculo de Poesía. Fue incluido en El canon abierto. Última poesía en español (1970-1985) de la editorial española Visor Libros.

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