
Común & Silvestre 3: Un asalto a la paltarrealidad es la última entrega de la saga creada por la dupla Delcielo/Günen. Esta narración gráfica nos presenta el conflicto socio-ambiental del monocultivo a partir de la toma de un predio de paltos por un grupo de mujeres rebeldes. Los orígenes del fruto, la mafia empresarial y el acaparamiento hídrico, las concepciones ancestrales de cohabitación con el mundo natural, todo esto y mucho más se despliega en viñetas de alucinada belleza.
Chano Libos
La lectura de Común & Silvestre 3: Un asalto a la paltarrealidad (San Esteban, Granizo Ediciones, 2024) nos sumerge en una experiencia de múltiples niveles: el narrativo, el gráfico, y uno más profundo, que yo llamo pre-consciente. Algo nos habla sobre cosas que sabemos desde que éramos changos, reptiles, plantas, piedras. Es un saber nebuloso que se va precisando gracias a la fabulosa erudición antiautoritaria del guionista, que se pasea libremente por la literatura, la historia, la agricultura, el chamanismo, etc., etc., etc. A través de citas que se insertan orgánicamente en el relato, se va tejiendo una narración polifónica, que diluye el concepto de autoría. Günen cuenta que así como el dibujante Delcielo aporta ideas narrativas, asimismo él imagina dibujos, en un ejercicio colectivo que multiplica las posibilidades creativas. De igual modo, Günen afirma que los relatos que dan vida a esta saga deben mucho a las leyendas y tradiciones de los antiguos habitantes de estos territorios.
Diluido el ego autoral, lo mismo sucede con el yo como entidad separada y distinta del resto de los seres, para finalmente ver desdibujarse a la realidad misma, la realidad como es vista por la cultura tecnocrática occidental.
Ese saber pre-consciente tiene que ver con algo que expresa muy bien David Abram en una cita de Común & Silvestre 2: “La magia consiste pues, quizá en su sentido más primordial, en la experiencia de existir en un mundo constituido por múltiples inteligencias, en la intuición de que cada forma que percibimos —desde la alondra que surca el cielo sobre nuestras cabezas, hasta la mosca posada en una brizna de hierba y, ciertamente, la propia brizna— es una forma que experimenta, una entidad con sus propias predilecciones y sensaciones, aun cuando éstas puedan ser muy distintas a las nuestras”. Esto ya lo sabemos: formamos parte de un mundo animado y consciente, y hoy la ciencia concuerda con los poetas[1] en el hecho de que no existe la materia inerte. Pero una cosa es saber algo racionalmente, y otra vivirlo, como sucede en las experiencias con plantas enteógenas. Común & Silvestre nos lleva a una experiencia de este tipo, y su propuesta estética se emparenta con el arte de los pueblos chamánicos: transmite con tal intensidad lo aprendido en el trance visionario que es capaz de transformar la vida de quien lo contemple.
De esto se desprenden tres puntos importantes:
—Si la creación literaria y artística busca cuestionar el modo en que estamos habitando la tierra, sus planteamientos deben ser aplicados en la vida cotidiana. La consecuencia es necesaria, y así Günen va por la vida plantando algarrobos, o sembrando milpas con las Tres Hermanas (maíz, poroto, zapallo), prácticas agrícolas regenerativas y conscientes que se mencionan en el libro.
—Esta creación, para cumplir esta misión liberadora y transformadora, debe ser autónoma: la libertad creativa y la autogestión editorial son indispensables, al igual que la soberanía alimentaria, en esta búsqueda de nuevos modos de habitar. También debe ser rigurosa en su crítica al sistema capitalista, desprejuiciada y antidogmática; algo que esta dupla creativa ya había iniciado en la saga de Ghor Bosch, donde se criticaba al veganismo blanco.
—Y finalmente el tercer punto se refiere a la parte gráfica. El arte de Pablo Delcielo tiene la capacidad de transmitir la maravilla de la existencia: con sólo dos tintas puede dar cuenta de la vibración espiritual de la materia como se percibe en momentos de conciencia acrecentada. Se puede hablar de surrealismo, si por ello entendemos un arte que no busca el realismo, la verosimilitud de la figura humana o la perspectiva, sino justamente comunicar lo que el realismo no es capaz de expresar. Dibujos que podríamos llamar ingenuos o naïf nos cuentan con total eficacia una historia de personas, bosques, paisajes, empresarios y extractivismo, seres espirituales y visiones grandiosas. Y así se logra plenamente comunicar una crítica a “la realidad”, la palta-realidad, símbolo arquetípico de una manera de ver el mundo como una vitrina de productos inanimados y comercializables.
En un pasaje del libro leemos que palta es el nombre de un pueblo de origen amazónico que cultivaba el fruto y fue invadido por el inca Tupac Yupanqui. Jorge Carrera Andrade, en su libro El camino del sol, completa la información: “Los vecinos meridionales de este pueblo [los cañaris] eran los paltas, que mantenían relaciones de comercio y amistad con las tribus amazónicas, se servían de extrañas plantas medicinales como la quina o la cascarilla y cultivaban frutas desconocidas en otros lugares, como el aguacate y la guanábana, que según el botánico Popenoe tenían su origen en estas tierras. Los paltas vivían en paz, protegidos por sus fortalezas”.
Como otros pueblos originarios de lo que ahora llaman Ecuador, los paltas eran cultivadores y cazadores, conocían las propiedades de innumerables plantas y se dedicaban a la caza con respeto y reciprocidad, pidiendo permiso al espíritu del animal y permitiéndose un número limitado de presas. Comunidades que han sido llamadas “endobióticas”, pues se desarrollaban sin alterar el equilibrio del mundo natural, sin separarse de él, tienen mucho que enseñar a la sociedad occidental. La enseñanza de Común & Silvestre nos habla ese mismo lenguaje en la búsqueda de modos más conscientes de habitar, como cuando una de las mujeres tiene un sueño en el que interactúa con el espíritu del palto: “Si me tratas con respeto, si tomas de mi cuerpo sólo cuando lo necesitas, me complaces con ofrendas sobre mi cuerpo, aprovechas todas las partes de mi cuerpo cuando tomas mi vida, y tratas como sagrados incluso a mis cuescos, siempre volveré para alimentarte y alimentar a tu pueblo”.
Nota
[1] “Respeta en el animal un espíritu activo./ Cada flor es un alma que se abre a la Naturaleza;/ Un misterio de amor en el metal reposa:/«Todo es sensible» ¡Y todo tiene poder sobre tu alma!”. Gérard de Nerval, “Versos dorados”.

Chano Libos (seudónimo de Cristian Olivos Bravo), es músico, grabador e ilustrador de Valparaíso. Dirige las Ediciones del Caxicóndor. El primer libro publicado por esta editorial fue El pequeño tarado y lustrado escrito y litografiado bajo el seudónimo Tristán Olibos. Luego siguieron ediciones de Alfred Jarry, R.W. Fassbinder, Otto Gross, César Vallejo, Zsigmond Remenyik, Julio Walton y Teófilo Cid, y en 2023 la novela gráfica La rosa aktivista de Valparaíso, escrita y dibujada por Libos a partir de su investigación sobre el movimiento literario y artístico de vanguardia que tuvo lugar en el puerto en la década de 1920. Como músico ha participado en las bandas Lujo&Miseria y Rabel Ríctus, y el año pasado lanzó como solista el EP Madre árbol. Otro artículo de Chano Libos aquí.

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