Zapping juega con la nostalgia que nos evoca la difunta televisión chilena de finales de la década de los 90 e inicios de los años 2000. El autor nos invita a tomar el control remoto y revivir la experiencia de la programación televisiva chilena tal como era hace unos 20 años: llena de contradicciones, morbo y caos, acompañada de valores que hoy día ciertamente serían cuestionados en nuestra sociedad.
Joaquín Eguren Álvarez

El nacimiento de la televisión en Chile se remonta al año 1957 cuando se realizó la primera transmisión inalámbrica experimental en la Universidad Católica de Valparaíso. Desde aquel entonces, la experiencia televisiva se ha multiplicado y diversificado de manera significativa, de hecho la gran mayoría de los y las chilenas sintonizan no solo televisión abierta y de pago, sino que también distintas plataformas de streaming; el reporte de Adimark del año 2019 indicó que un 35% de los y las chilenas estaban suscritas a la plataforma de películas y series online Netflix. Lo que sigue siendo común a la experiencia televisiva es precisamente el medio al cual se accede a este contenido: la televisión. Actualmente, en Chile los hogares tienen un promedio de 2,3 televisores (CNTV, 2021) y es precisamente en este aparato tecnológico donde transcurren los cuentos del libro Zapping (Queltehue Ediciones, 2023) de Mauricio Rojo Tapia.
El autor nos transporta a una era recientemente declarada extinta: el Chile de principios de 2000, cuando la televisión análoga dominaba la mayoría de los hogares del país andino y el servicio de televisión de pago comenzaba lentamente a penetrar en esta nación. Es importante aclarar porque se menciona que este sistema de transmisión se encuentra extinto, y esto se debe a que el 15 de abril de 2024 se realizó al “apagón analógico” que marca el fin de las señales de televisión analógica para dar paso a la televisión digital. Como resultado, Zapping juega con la nostalgia que nos evoca la difunta televisión chilena de finales de la década de los 90 e inicios de los años 2000. El autor nos invita a tomar el control remoto y revivir la experiencia de la programación televisiva chilena tal como era hace unos 20 años: llena de contradicciones, morbo y caos, acompañada de valores que hoy día ciertamente serían cuestionados en nuestra sociedad. A través de un lenguaje fluido y con numerosos guiños a referentes de la cultura literaria y pop nacional, Tapia Rojo explora el placer absurdo de este medio de comunicación masivo y nos enfrenta a la realidad de lo que consumimos en aquellos años.
Al igual que la antigua memoria de los antiguos televisores de 12 pulgadas, Zapping está estructurado en ocho cuentos que simulan la programación televisiva de aquellos años. La parrilla programática de este libro se compone de los siguientes programas:
CH 1 – Cagliostro el Creador de Mundos
CH 2 – Telenovela
CH 3 – Cony
CH 4 – Antena
CH 5 – El latir del cuarzo
CH 6 – Miss Psiquiatría
CH 7 – Dos cocineras
CH 8 – Zapping
Cabe destacar que entre los canales hay una serie de comerciales que refuerzan la sensación de que la pantalla vive ahora dentro del libro, desde Kevin McCallister hasta ofertas de proyectos inmobiliarios que nos recuerdan el ya clásico segmento de Zona Inmobiliaria, indicador de que habíamos sintonizado la señal demasiado temprano.
Como se mencionó anteriormente, la parrilla programática de este libro nos presenta un nutrido resumen de lo que podríamos llamar tipos o modelos de programas televisivos chilenos clásicos de los finales de los 90s e inicios del 2000s. En este contexto, Zapping logra de buena manera canalizar el espíritu de una época donde lo que se podía ver en televisión era limitado; un momento de incertidumbre donde el país avanzaba lentamente hacía un proceso de globalización y donde aún se generaban expectativas sobre las producciones nacionales; había esperanza en conocer si el final feliz de la telenovela sería realmente feliz, saber cuál de las estaciones de televisión pública había ganado la batalla por el rating, como también existían preocupaciones más ligerezas como conocer el nuevo baile de moda, el romance de la nueva integrante del programa juvenil y el resultado del último evento de lucha libre.
Al leer estos cuentos, se puede palpar la sensación de unicidad y comunidad generada por parrillas programáticas de alta audiencia y que de alguna manera forman parte del imaginario colectivo de distintas generaciones de nuestro país. Si bien al leer los títulos de los canales y su programación, puede parecernos algo complejo establecer una conexión global sobre cómo todos estos programas podrían representar el imaginario chileno de finales de los años 90 e inicios del nuevo milenio, es la narración misma la que logra capturar momentos críticos en cada una de estas transmisiones, facilitando y ahondando en la relación lector/televidente. En el cuento «Cony», que bien podría ser el estereotipo del programa juvenil de aquellos tiempos, nos enfrentamos a la ambivalencia que caracterizaba a esa época. Por un lado, observamos la presencia de una nueva oleada de jóvenes con distintos estilos, personalidades y creencias la cual se ve representada en una nueva bailarina-participante, mientras que fuera de la pantalla observamos la tensión sexual y la atracción que esta persona representa como producto de consumo. Este desarrollo de ideas se puede apreciar en el siguiente extracto:
Apenas Cony llegó al programa, se transformó en un ícono. En un signo que representaba el espíritu del inicio del siglo XXI. Cony bailaba y enseñaba los pasos de una coreografía universal que practicaban todos los liceos de Chile. Cony era joven y bonita, demasiado joven se diría el día de hoy. Con 17 años Cony lograba volver locos a todos los hombres del programa. Bailarines, asistentes, músicos y también a su director. Cony era una fruta fresca de la que todos deseaban probar. Los pubertos exploraban su sexualidad pensando en sus movimientos. Los adultos fantaseaban de reojo con aquella muchacha que bailaba en minifalda y sonreía a la cámara.
Podemos observar la tensión del momento televisivo junto con las contradicciones que se presentan en este extracto y que son graficadas mediante el lenguaje certero y cercano de Rojo Tapia, donde las palabras se transforman en imágenes que podemos recordar claramente e incluso escuchar. Estas contradicciones son las que articulan la narrativa de este libro, donde observamos cómo canal por canal parecen entrelazarse dos realidades: la primera, un Chile aparentemente distante en el cual paradójicamente nos sentimos partícipes de los eventos que se presentan, una alegría e indiferencia cómoda que parecía ayudarnos a convencernos que todo marchaba bien; y la segunda, las experiencias y significados por veces oscuras de la audiencia chilena. Pareciera ser que el autor se sitúa en el punto medio de las grabaciones, funcionando como un camarógrafo omnipresente que trabaja a tiempo completo en estos canales y que nos lleva a enfrentar aquellas tomas que han sido planificadas, eventos espontáneos sin ninguna planificación y también conversaciones fuera de cámara donde vemos a los genios creativos y sus más ocultas pulsiones. Es así como el relato de estos cuentos logra transportarnos en el tiempo y mediante acertadas observaciones nos hace revivir una serie de emociones que más allá de su intensidad, apuntan a la pregunta final de quiénes fuimos cuando veíamos televisión y cómo la identidad televisiva fue construyendo en la ciudadanía una pequeña reproducción valórica de cada uno de sus programas.
Esta experiencia de lectura, ciertamente provocará en el público lector una sensación de nostalgia que actualmente parece haber desaparecido de la mano de la saturada oferta de canales y plataformas de transmisión digital. La lógica actual pareciera alejarnos inconscientemente de los contenidos que consumos ya que ante la basta oferta de material audiovisual, que muchas veces es desechable, resulta complejo que se repitan las mismas series, películas y eventos para un tipo determinado de consumidor, entrando en la paradoja donde al parecer existe demasiado oferta y poca demanda, entendiéndose como demanda el tiempo de ocio y esparcimiento de la ciudadanía. Al contrario de lo anterior, “Zapping” nos permite volver al refugio de la infancia y adolescencia donde nos enfrentábamos a la expansión de la televisión de paga y al incierto escenario de la televisión pública, un lugar para pensar en la televisión análoga que nos crio.
Referencias
ADIMARK, 2018. 35% de los chilenos tiene Netflix, 14% tiene Spotify. https://www.cnnchile.com/economia/estudio-adimark-35-de-los-chilenos-tiene-netflix-14-tiene-spotify_20180903/
CNTV, 2021. X Encuesta Nacional de Televisión Chile. https://cntv.cl/estudios-y-estadisticas/encuesta-nacional-de-television/

Joaquín Eguren Álvarez (Santiago, 1990). Es docente universitario e investigador en evaluación en segundo idioma. Licenciado en educación y profesor de inglés por la UMCE. Máster en Applied Linguistics and TESOL por la Universidad de Lancaster, Reino Unido.

Deja un comentario