Este último ensayo, de un total de tres, cumple con examinar la historia de los Estados Unidos y su política exterior con respecto a América Latina durante casi medio siglo (1945-1990). En este escrito, se analiza periodo 1964-1990, marcado por la instalación de la Doctrina de Seguridad Nacional y la inserción del neoliberalismo, cuyo ejemplo más notorio es Chile. Finalmente, se expondrán las políticas emprendidas por el país noratlántico durante 1990, como también las consecuencias del neoliberalismo en el hemisferio.
Brandom Guerin Boggle

La Doctrina de Seguridad Nacional en América Latina
Con el fracaso de una vía más recatada para neutralizar el fantasma del comunismo en América Latina, Estados Unidos se guía definitivamente por el apoyo a las dictaduras de derecha, favorables a los intereses y capitales norteamericanos. Es así como financian y apoyan, por ejemplo, el levantamiento contra el presidente Joao Goulart en Brasil (1964), instalando al dictador Humberto Castelo Branco, y el Golpe de Estado perpetrado por Jorge Rafael Videla en Argentina el año 1976, entre muchos otros. Todos estos complots se realizaron bajo la denominada Doctrina de Seguridad Nacional, en el marco de la llamada “Operación Cóndor”, siendo una política de represión y consolidación de la hegemonía norteamericana en América Latina frente a la amenaza del reformismo y el comunismo[1].
La Doctrina de Seguridad Nacional sostuvo que la amenaza de la expansión comunista en el continente no solo podía provenir del exterior, sino que también podía ser promovido por organizaciones izquierdistas internas. Es decir, que los partidos políticos o fuerzas paramilitares cuya tendencia viraba hacia la izquierda eran consideradas como “enemigos internos”, los cuales debían ser neutralizados bajo métodos de lucha e inteligencia. En todo este meollo, las Fuerzas Armadas cumplían un papel trascendental, debido tanto a su educación en dichas estrategias, como por su deber a mantener el orden interno[2].
La aplicación de la Doctrina de Seguridad Nacional y el Neoliberalismo bajo el caso de Chile
Para ejemplificar su uso en América Latina utilizaremos el ejemplo de Chile. Dicho país había vivido, al igual que el resto de América Latina, las medidas de la Alianza para el Progreso, y la inserción de ideas provenientes de la Revolución cubana y la llamada Teoría de la Dependencia, que postulaba una crítica contra la subordinación continental ante el Primer Mundo. En ese marco, llegó a la presidencia de la República el doctor Salvador Allende, quien promovía una política de revolución a la chilena, marcada por la formación de una economía nacionalizadora, de gran énfasis social, y un estado popular[3].
La posible réplica de sus proyectos en otras latitudes del hemisferio y el globo motivaron a los Estados Unidos a emplear una operación de boicot, denominada FUBELT. Según los archivos desclasificados de la CIA, el propio Richard Nixon, presidente en ese momento, habría indicado que:
“un gobierno de Allende en Chile no era aceptable para los Estados Unidos. El presidente le solicitó a la Agencia impedir que Allende acceda al poder o derrocarlo. El presidente autorizó diez millones de dólares para ese propósito, si fuese necesario. Adicionalmente, la Agencia llevará a cabo esta misión sin coordinarse con los Departamentos de Estado o de Defensa”[4]
Dicha operación tuvo dos planes. En primera instancia, se debía evitar que Allende fuese ratificado por el Congreso (su elección, en 1970, no fue por mayoría, por lo que tenía que ser ratificada por el parlamento) y llamar a nuevas elecciones, las cuales ganaría el demócrata cristiano, afín a las ideas reformadoras norteamericanas, y expresidente de la república Eduardo Frei Montalva. La situación cambió cuando, tras el improvisado asesinato del general René Schneider, obstáculo para el proceso debido a su carácter constitucionalista, la DC pactó un acuerdo de garantías constitucionales con Allende, ratificándole como electo. Ante ello, se empleó el segundo plan: el Golpe de Estado[5].
Lo anterior se llevó a cabo mediante una acción desestabilizadora en lo económico y en lo social. Aquello se logra por medio de una serie de tácticas: 1) ataques mediáticos a través de periódicos y medios de comunicación contrarios a las políticas de Allende; 2) bloqueo a la compra de cobre producto de su nacionalización en 1971; 3) paralizaciones a nivel nacional como la efectuada por el gremio de los camioneros; y 4) aumento de la polarización social. Aquello dio como resultado el término del gobierno de Allende y la instauración de una Dictadura Cívico-Militar desde el 11 de septiembre de 1973 al 11 de marzo de 1990, cuando fue derrotada mediante plebiscito en 1988[6].
La Junta Militar de Gobierno instaló en 1980 una nueva Constitución Política, cuestionada por el modo en que fue legitimada. Esta fundamental, además de justificar las aspiraciones antimarxistas del régimen, solidificó y dió matriz jurídico-política al nuevo orden económico promovido desde Estados Unidos: el neoliberalismo[7]. Este proyecto político-económico, traído a Chile por los estudiantes de la Universidad Católica becados en la Universidad de Chicago, e influenciados por el economista Milton Friedman, abogó por una descentralización económica, potenciando la competencia entre las unidades productivas, liquidando la política económica instalada desde 1930 caracterizada por el estatismo económico y el desarrollo hacia adentro hallados en crisis[8].
En paralelo, los sectores populares y mesocráticos vivían la represión y la desaparición de sus familiares, organizándose en diversas asociaciones y agrupaciones, cuestión que fue divisada a lo largo de todo el Cono Sur. Es así como los diversos informes de verdad y reconciliación de diversos países demuestran, bajo recopilación de archivos y testimonios, las tácticas de tortura perpetradas por los ejércitos latinoamericanos, con clara complicidad de Washington[9].
Las estrategias norteamericanas para su mantenimiento hegemónico en América Latina durante 1980-1990
Solo bajo la presidencia de Jimmy Carter el gobierno de los Estados Unidos es condenatorio ante las violaciones a los DD.HH. perpetradas por los regímenes cívico-militares que apoyaban[10]. Sin embargo, con Ronald Reagan como presidente, se retomaron medidas de intervención como la ocurrida en Granada (1983) y el financiamiento para la lucha contra los Frentes de Liberación en Centroamérica. Mientras tanto, durante la década de 1980-1990, gran parte de las dictaduras mantuvieron una férrea desaparición de la izquierda latinoamericana, además de acercarse de manera dependiente hacia los EE. UU, aceptando su cultura consumista y sus políticas neoliberales y de defensa, cuestión pronunciada en los Documentos de Santa Fe[11].
Lo anterior nos demuestra que la estrategia de la Dictadura de Seguridad Nacional fue efectiva para mantener las pretensiones hegemónicas norteamericanas en el hemisferio. Cualquier cruce contra los intereses estadounidenses, como ocurrió con el cobre en Chile, era motivo de ataque y condena por poseer intenciones de llevar a un Estado bajo la “dictadura del proletariado”. Las dictaduras promovidas por el país noratlántico, además de extirpar el “cáncer marxista”, promovió la cultura del consumo y el neoliberalismo en sus países.
Estados Unidos y América Latina tras el fin de la Guerra Fría: una brevísima síntesis
Con la caída del muro de Berlín, en 1989, la Guerra Fría presentó como victorioso al modelo capitalista de los EE.UU., alzándolo como la principal hegemonía a nivel mundial[12]. El fin de la bipolaridad que dominó el siglo XX dio puntapié a discursos que promulgaban el “Fin de la historia” como Francis Fukuyama[13], o el fin del Estado, ante la serie de medidas librecambistas y neoliberalizantes implementadas bajo el Consenso de Washington, dirigido por John Williamson[14]. Es bajo este fenómeno de globalización donde resurge la llamada “Tercera Vía”, esta vez pegada a la socialdemocracia o el reformismo de centro[15].
Las políticas neoliberales en América Latina han tenido consecuencias desastrosas, instalando un clima de desigualdad y problemas socioeconómicos[16]. Aquello ha reproducido, en palabras de Zygmunt Bauman, una sociedad líquida, anti-política, favorecedora de los líderes personalistas e individualista, lo que ha restado cierto poder al Estado[17]. A modo de ejemplo en relación con los problemas socioeconómicos, en Argentina, la liberalización potenciada por los organismos bancarios internacionales (FMI, BID, etc.), ha originado un aumento de la deuda externa. En Chile, de igual forma, la desigualdad social motivó una gran revuelta en 2019, exigiendo el fin del sistema neoliberal legitimado por la Constitución Política. En este clima de protesta y respuesta a la hegemonía norteamericana en el continente, han surgido figuras críticas como el venezolano Hugo Chávez, quien ha realizado diversas políticas de alianza latinoamericana, teniéndose el caso de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), que luchaba contra la pobreza y la marginalidad social, e incluso a través de una alianza con otros países que rechazan el dominio norteamericano[18].
Conclusión general
Como se ha podido observar a lo largo de los tres ensayos, la historia de los Estados Unidos y su relación con América Latina, desde 1945 hasta 1990, ha estado marcado por el dominio y el control norteamericano en aras de conservar su hegemonía. La política de corte imperialista que ha venido llevando el país noratlántico, ya sea de un modo pasivo como lo fue a través de la Alianza para el Progreso, e incluso bajo uno más agresivo como lo fue la Doctrina de Seguridad Nacional, han perpetuado la desigualdad y la marginalidad social bajo condiciones neocolonialistas de explotación. La contención al comunismo, argumento central de la supuesta “defensa” del continente, no fue más que una careta al servicio de los intereses civiles que Estados Unidos ha esparcido por el hemisferio, y que ha sabido mantener hasta nuestros días.
Bibliografía
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__ Bauman, Zygmunt. Tiempos líquidos. Barcelona: Tusquets, 2007.
__ Broe, Williams. “Memorando “Génesis del Proyecto FUBELT”: “El presidente Nixon ha decidido que un régimen de Allende en Chile no es aceptable para Estados Unidos”. 16 de Septiembre de 1970”. El Golpe fue extranjero: Lo que muestran los documentos norteamericanos desclasificados. 17-18. Traducido por Luís Corvalán Marquez. Valparaíso: Voces Opuestas, 2023.
__ Correa, Sofía, Consuelo Figueroa, Alfredo Jocelyn-Holt, Claudio Rolle, Manuel Vicuña. Historia del siglo XX chileno: Balance paradojal. Buenos Aires: Sudamericana, 2001.
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Notas
[1] Stefan Rinke, “El Tercer Mundo, 1970-1990”, América Latina y Estados Unidos. Una historia desde la época colonial hasta hoy, (México D.F.: Marcial Pons, 2015), 189-207.
[2] Peter Smith, Estados Unidos… op. cit.
[3] Sofía Correa et al., “La revolución permanente”, Historia del siglo XX chileno: Balance paradojal, (Buenos Aires: Sudamericana, 2001), 253-277.
[4] Williams Broe, “Memorando “Génesis del Proyecto FUBELT”: “El presidente Nixon ha decidido que un régimen de Allende en Chile no es aceptable para Estados Unidos”. 16 de Septiembre de 1970”, El Golpe fue extranjero: Lo que muestran los documentos norteamericanos desclasificados. Trad. por Luís Corvalán Marquez (Valparaíso: Voces Opuestas, 2023), 17-18.
[5] Luis Corvalán Marquez, La secreta obscenidad de la historia de Chile contemporáneo: lo que dicen los documentos norteamericanos y otras fuentes documentales, 1962-1976, (Santiago: Ceibo, 2012).
[6] Sofía Correa et al., “La revolución… op. cit.
[7] Sofía Correa et al., “Con mano militar”, Historia del siglo XX chileno: Balance paradojal, (Buenos Aires: Sudamericana, 2001), 279-300.
[8] Eduardo Devés, “Neo y liberalismo”, El pensamiento latinoamericano en el siglo XX: Desde la CEPAL al neoliberalismo (1950-1990), (Buenos Aires: Biblos, 2003), 261-291.
[9] Para divisar la magnitud de la represión bajo las Dictaduras de Seguridad Nacional, véase: Informe “Nunca Más” (Argentina), Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación e Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura (Chile).
[10] Joseph Tulchin, Las relaciones… op. cit.
[11] Stefan Rinke, “El Tercer… op. cit.
[12] Joseph Tulchin, Las relaciones… op. cit.
[13] Francis Fukuyama, El fin de la historia y el Último hombre: La interpretación más audaz y brillante de la historia presente y futura de la humanidad, (Barcelona: Planeta, 1992).
[14] Joseph Tulchin, Las relaciones… op. cit.
[15] Ibidem.
[16] James Petras, América Latina. De la globalización a la revolución, (Rosario: Homo Sapiens Ediciones, 2004), 189-190.
[17] Zygmunt Bauman, Tiempos líquidos, (Barcelona: Tusquets, 2007).
[18] Joseph Tulchin, Las relaciones… op. cit.

Brandom Guerin Boggle (Valparaíso, 2002). Finaliza en la actualidad la Licenciatura en Historia y Patrimonio, y es miembro del Centro de Investigaciones Estudiantiles-Historia UV de la Universidad de Valparaíso. Sus áreas de investigación están vinculadas a la Historia americana del siglo XIX y XX, poniendo énfasis en líneas como el pensamiento latinoamericano y la modernidad/colonialidad. Ha publicado: “Modernidad/reivindicación en Facundo, Bases, Iniciativa de la América y Nuestra América. Una mirada desde el globocentrismo y la colonialidad (Latinoamérica, siglo XIX)” (2024) y reseñas ligadas a la historiografía chilena y las políticas culturales en la Dictadura Civil-Militar chilena. Otro artículo de Guerin Boggle en La Antorcha Magacín n° 19 y 20.

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