¿Somos un Phineas Gage contemporáneo? Apuntes sobre Historia, conciencia y crisis del tiempo

¿Somos una especie de Phineas Gage contemporáneo? ¿Impedidos de planificar y proyectarse en su propio futuro? ¿Cómo desnaturalizar nuestro presente y dar espacio a un futuro imaginable, que no esté signado por la catástrofe o el estatus quo? La era del Antropoceno en la historia de la Tierra, suscita novedosas formas de articular las categorías del tiempo histórico, lo que da cabida al levantamiento de otras tantas interrogantes: ¿Podemos seguir hablando de un régimen de historicidad presentista que clausura el futuro y/o el porvenir? Un presente, que se creía autosuficiente y con cierta omnipresencia: ¿puede continuar invisibilizando a la sociedad los efectos adversos del cambio climático?

 Diagrama del cráneo de Phineas Gage y el daño causado por la varilla de apisonamiento ( 1868) – por John M. Harlow.

Cristóbal Rojas Vargas

  1. El trágico accidente de un obrero ferroviario

Un caso de estudio paradigmático en el área de la psicología sigue siendo el accidente laboral de Phineas Gage, obrero estadounidense que fue atravesado por una barra de metal en su mejilla izquierda, traspasando la base del cráneo por la zona frontal del cerebro y saliendo disparada al exterior, lo que resultó en la destrucción de la parte superior de su cabeza. Lo más insólito de este accidente, fue la sobrevivencia de Gage a este fatídico incidente, sin tener secuelas de orden audiovisual, ni tampoco sufrir algún tipo de parálisis en sus extremidades o lengua.[1]

Sin embargo, después del accidente, la personalidad de este capataz tuvo un cambio radical. Ahora era impredecible, irrespetuoso, dado a expresiones vulgares (lo que antes no había sido su costumbre), manifestaba poca o nula deferencia hacia su prójimo; incapaz de contenerse o de aceptar una idea contraria de sus opiniones; “fantaseaba con un futuro improbable, armando castillos en el aire que abandonaba apenas esbozados”[2]. ¿Por qué razón esta lamentable historia es digna de ser estudiada? Mientras otros casos de lesión cerebral, que afectara al lóbulo frontal, y  en consecuencia, a sus capacidades del lenguaje, de la percepción y de las funciones motoras, en el caso de Gage, se comprendía un hecho sorprendente: “de alguna manera, había en el cerebro sistemas especializados en el razonamiento, específicamente en sus dimensiones personales y sociales.”[3]

El cráneo de Phineas Gage y el hierro de apisonamiento, exhibido en el Museo Anatómico de Warren, Boston, Estados Unidos.

Sorpresivamente, el ejemplo de Gage indicaba que alguna parte del cerebro es controlador de ciertas características típicamente humanas, entre ellas la capacidad de hacer proyectos adecuados en un medio social complejo. En este sentido, para el neurocientífico portugués Antonio Damasio, Gage perdió una característica profundamente humana: la habilidad de planear su futuro como ser social[4].  Al parecer, la “mente” o consciencia no puede existir sin la participación activa tanto del cerebro como la del cuerpo propiamente tal. Tanto así, que los avances de los últimos sesenta años de investigación psicológica, han dado cabida a una teoría específica de la consciencia: El espacio de trabajo neuronal global, una especie de actividad cerebral coordinada.[5] De esta manera, la conciencia sería “un dispositivo evolucionado que nos permite prestar atención a una porción de información y mantenerla activa dentro de este sistema de transmisión (…). Por eso podemos nombrarla, evaluarla, memorizarla o usarla para planificar el futuro”.[6]

Los estudios de Stanislas Dehaene y sus compañeros de investigación, reactualizan los postulados del psicólogo Bernard Baars sobre el «espacio de trabajo global» (1989), incorporando la temporalidad dentro de las dimensiones de la conciencia: Memoria a largo plazo (pasado), sistemas perceptuales (presente) y sistemas motores (futuro). En esta lógica, dicha teoría neurocientífica, entre otras novedades, incluye la historicidad propia de la conciencia humana. Vale decir, aquella dimensión histórica de la conciencia que articula las dimensiones temporales de pasado, presente y futuro, cuyo entramado permite construir, en términos kosellequianos, nuestro campo de experiencia y horizonte de expectativa. Esta conciencia histórica, como dimensión inexorable de la conciencia humana, ¿ha tenido algún tipo de cambio y/o rearticulación, respecto a la particular historicidad contemporánea global?

2. Clausura del futuro y expansionismo del presente. Crisis y articulación de la temporalidad contemporánea

A mediados del siglo XX, según el historiador François Hartog, se localiza un cierto vuelco del régimen de historicidad imperante en Occidente, transitando desde un “futurismo” moderno hacia un “presentismo”[7] clausurador del futuro -y los futuros posibles-, inaugurando el ascenso de un presente omnipresente[8], sin más horizontes de expectativas que sí mismo. Además, desde finales de los años sesenta, este presente dio muestra de ramificarse hacia el pasado, en búsqueda de sus raíces y una eventual memoria. La confianza en el progreso continuum de la Historia, se reemplaza por la preocupación en el salvaguarde y la preservación del presente, lo que invoca una frenética patrimonialización reproductora de las lógicas presentistas del poder.

A juicio de Hartog, el patrimonio es un recurso en épocas o momentos de crisis temporal[9], en donde los puntos de referencia vacilan y gana el desconcierto, cuando las formas de articular pasado, presente y futuro se nublan. En palabras del historiador galo y guiado por las reflexiones de Michel de Certeau, las crisis del tiempo histórico se traduce en esos momentos en los cuales “aquello que ayer todavía estaba ahí, en la evidencia, llega a oscurecerse y a desintegrarse, mientras que, en ese mismo movimiento, lo nuevo, lo inédito, busca ser dicho, aún sin tener (todavía) las palabras para poder formularlo”[10]. En este sentido, se persigue la significación de lo inédito, donde las palabras se vacían, se llenan de significados y se construyen representaciones sobre lo que está en proceso de desaparecer.

Pareciera que, en la actualidad, estuviésemos viviendo uno de aquellos momentos de crisis temporal y que en el pasado tuvieron lugar, siguiendo los planteamientos de Hartog, durante la crisis del tiempo que experimentaron los regímenes de historicidad cristiano y moderno[11]. ¿Somos una especie de Phineas Gage contemporáneo? ¿Impedidos de planificar y proyectarse en su propio futuro? ¿Cómo desnaturalizar nuestro presente y dar espacio a un futuro imaginable, que no esté signado por la catástrofe o el estatus quo?

La balsa de la Medusa, Théodore Géricault, 1818-1819, lienzo elaborada en  el contexto del movimiento del romanticismo francés, Museo del Louvre en París, Francia.

A juicio de De Certeau, el historiador tiene la responsabilidad de reconstruir las distancias significativas del pasado con su presente. Es decir, el objetivo de las investigaciones históricas es producir un sentimiento de extrañamiento con el presente, y evocando sus propias palabras “La figura del pasado, conserva su valor primero de representar lo que falta. Con un material que, por ser objetivo, está necesariamente ahí, pero es connotativo de un pasado en la medida en que, ante todo, remite a una ausencia, esa figura introduce también la grieta de un futuro.”[12]. En este sentido, la historiografía debiese buscar la desnaturalización y el extrañamiento con el presente , entendiendo que este último fue tan sólo uno de los múltiples “futuros-pasados” posibles, de los cuales podrían haber convergido en la situación actual.

De igual modo, si seguimos al sociólogo Bruno Latour, no podemos seguir pensando la Historia como el tiempo de los humanos, dejando fuera del acontecer histórico a lo no viviente y no-humano.  Sus sentencias resuenan en la actualidad y desde el surgimiento del tiempo antropocénico, la humanidad no puede sustraerse a los marcos temporales de la Tierra, sobre todo cuando ya se convirtió en una fuerza geológica que ha alterado el clima para los próximos 100 mil años. La era del Antropoceno -o Capitaloceno- en la historia de la Tierra, nombrada así, como ya es sabido, por el premio nobel de química Paul Crutzen, suscitan novedosas formas de articular las categorías del tiempo histórico y también a otras tantas incógnitas: ¿Podemos seguir hablando de un régimen de historicidad presentista que clausura el futuro y/o el porvenir? Un presente, que se creía autosuficiente y con cierta omnipresencia, ¿puede continuar invisibilizando la sociedad los efectos adversos del cambio climático? O, por el contrario, ¿surgirá una conciencia de época o “ética de futuro” en esta crisis temporal que significa la aparición del acontecimiento antropocénico? Al parecer, hay más dudas que certidumbres sobre este gran tópico, aunque lejos de ser el fin de la historia, como fue vaticinado por el politólogo Francis Fukuyama, esta crisis temporal actual, entendida como aquello que no acaba de aparecer ni tampoco por alcanzar su inédito significado, podría conducir a una reapertura de la historia y, como corolario, un nuevo concepto de su idea misma.

Bibliografía

Dehaene, Stanislas, La conciencia en el cerebro. Descifrando el enigma de como el cerebro elabora nuestros pensamientos, Editorial Siglo XXI, Buenos Aires, 2015 © Viking Penguin, New York, 2014.

Damasio, Antonio, El error de Descartes. La emoción, la razón y el cerebro humano, Editorial Destino, Madrid, 2011, ©1994.

De Certeau, Michel, La escritura de la historia, Iberoamericana, México DF 1993.

Ginzburg, Carlo, Tentativas, Protohistoria ediciones, Buenos Aires, 2004.

Hartog, Francois, Regímenes de Historicidad: Presentismo y la experiencia del Tiempo, Universidad Iberoamericana, México, 2007.

Cronos. Cómo Occidente ha pensado el tiempo, desde el primer cristianismo hasta hoy, Siglo XXI editores, México, 2022.

Notas

[1] Damasio, Antonio, El error de Descartes. La emoción, la razón y el cerebro humano, Editorial Destino, Madrid, 2011, ©1994, P. 17.

[2] Ibid.

[3] Ibid., p. 19.

[4] Ibid., p. 25-26.

[5] Dehaene, Stanislas, La conciencia en el cerebro. Descifrando el enigma de como el cerebro elabora nuestros pensamientos, Editorial Siglo XXI, Buenos Aires, 2015 © Viking Penguin, New York, 2014, p.  163.

[6] Ibid.

[7] Hartog, François, Regímenes de Historicidad: Presentismo y la experiencia del Tiempo, Universidad Iberoamericana, México, 2007.

[8] Ibid., p. 36.

[9] Ibíd., p. 222.

[10] Hartog, François, Cronos. Cómo Occidente ha pensado el tiempo, desde el primer cristianismo hasta hoy, Siglo XXI editores, México, 2022, p. 18.

[11] Ibid.

[12] De Certeau, Michel, La Operación Histórica, en: Hacer la historia, Jacques Le Goff, Pierre Nora, Editorial Laia, Barcelona, 1985, p. 53.

Cristóbal Rojas Vargas (Villa alemana, 1991). Docente, investigador. Licenciado en Educación e Historia, Magíster en Estudios Históricos con mención en Cultura y Sociedad en Chile y América Latina por la Universidad de Valparaíso. Doctorando en Historia por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

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