A propósito de la obra de arte en la época de su reproductividad. Tres momentos del disco

La modernidad, creadora del disco, será también una intermediaria entre el usuario y la música. Por supuesto, la industria no se quedó atrás. Se adecuó al nuevo momento, vendiendo música también en forma digital, pero esto no hubiera pasado sin la llegada de Napster, motor de cambio tecnológico.

 Receptor de radio y altavoz 1929. ©Philips Company Archives

Aldebarán Vásquez Grueso

En la actualidad, año 2023, la música está presente en variados soportes, medios de almacenaje, Lp, (Long Play) o disco de vinilo, casetes, Cd, (Disco Compacto), e incluso de forma digital, con los archivos Mp3. Este adelanto tecnológico fue imposible de pensar hasta antes del siglo XIX (1870), momento en el cual se crea el fonógrafo, por Tomas Alba Edison, y se inician los procesos de grabaciones sonoras, que desembocará en los soportes antes mencionados. Grabar, según la definición del Diccionario de la lengua española[1], es captar un sonido o imagen, lo que se vincula con un soporte, ya sea disco o cinta y en el cual se almacena lo grabado.

Con las grabaciones, disponibles desde hace apenas 153 años, se ofrecía por vez primera una escucha que ya no implicaba necesariamente ir a un lugar de música en vivo, bastaba tener una grabación y el equipo para su escucha, lo cual ofrecía una experiencia sonora nueva, aunque limitada por el coste de la adquisición.

 La indagación de esta nueva experiencia, mediada por el acceso de los sujetos a la tecnología,  desprovista del aura por no ser precisamente una interpretación, si retomamos la crítica hecha en su tiempo por Benjamin ante el arribo de la reproductividad de la música mediante soportes, “incluso a la reproducción más perfeccionada de una obra de arte le falta un factor siempre, su hic et nunc, su existencia única en el mismo lugar en que se encuentra” ( 2008, p. 324), se debe apreciar como una defensa de la escucha musical en vivo, por su carácter fiel (aurático), al parecer de Benjamin, y también como una respuesta ante el temor de la masividad del acceso a las grabaciones. De ahí que no resulte nada extraño afirmar que mientras el cine condujo a una experiencia pública de la audiencia, el gramófono, al igual que la televisión, llevó a la audiencia hacia la esfera privada (Briggs y Burke, 2002, p. 202).

Primer momento

El primer momento de las relaciones entre la obra sonora y la sociedad marca un control total de la industria del disco, esto incluye soportes de almacenaje variados: los cilindros de cera, de Edison, 1890; el antecesor del Lp, el disco de Berliner, 1888; los Lps, de la década de los años 30, hasta la llegada del casete, en la década de 1960. Day señala este relevo tecnológico entre el Lp y el casete, postulando que la introducción de cintas de casete en 1963 ofrecía inicialmente a los oyentes una baja fidelidad (low-fi) pero una alternativa conveniente a los discos. Las casetes eran compactas, mucho más resistentes y no sufrían los clics a los que tendían las superficies de los discos, por mucho cuidado que se tuviera con ellos. El “siseo” de la cinta era un inconveniente y se distinguía con claridad entre la copia maestra y los LP, sobre todo los estéreos. Pero el sistema Dolby, de reducción del ruido en la cinta se introdujo en los estudios Decca británicos en 1966 y poco a poco fue adoptado universalmente para cintas y casetes. A finales de los setenta muchas de las mejores casetes rivalizaban con la calidad que podía obtenerse en los mejores LP, a pesar de que permanecía siempre la dificultad, no solucionada por los fabricantes, de localizar los contenidos de la cinta ( 2002: p.31).

Segundo momento

El casete marca un segundo momento en el cual la obra de arte sonora, el fonograma, ya no estaría en el control total de la industria, al tiempo que casete le gana el espacio al Lp como soporte más usado[2]. Esta nueva experiencia de la modernidad, entendida como los medios de reproducción y grabación del sonido, hizo que quien tuviera un equipo de grabación, los medios para manejarlo, y el acceso a cintas, sin grabar, hiciera sus copias, produciendo una circulación paralela a la de la industria. Yúdice (2009), en su análisis sobre el impacto de este nuevo soporte expone un cambio sustancial en la escucha de la música, al usarse en espacios públicos y privados mediante grabadoras portátiles, llamadas boomboxes, para 1976, y la escucha pública de géneros como el R&B y el Hip Hop.

Tercer momento

Con el Cd, invento que aparece en el mercado en 1982, inicia el tercer momento de ruptura, y también un cambio de los soportes en el sentido de una experiencia en la cual el soporte pasa al mundo digital, se hace algo no tangible[3]. El Cd, al igual que el casete, permitió seguir haciendo copias caseras mediante el uso del computador y los programas especiales de manejo de audio, tales como Nero y CDBurnerXp, entre otros. Esto debido a que el sistema de grabación del soporte no es analógico, mecánico, como hasta antes del Cd. El mundo digital, en el cual la información era numérica, cambió radicalmente el proceso, bajando los costos de la grabación, y también democratizando más el acceso.

La democratización del acceso a la música, parcial por no ser igual en el mundo,  cuenta con una fecha: 1999 y un medio: Internet, y una nueva forma de compartir e intercambiar música, los protocolos P2P. Por ese mismo año aparece Napster, un servidor de búsqueda e intercambio de archivos,  en Estados Unidos; y para la misma época el soporte Mp3, creado en Alemania poco antes, ya era posible de enviar mediante Internet, y el empleo de protocolos P2P,  o entre pares, lo cual no contaba con una intermediación de la industria.

 Este tercer momento, que abrió la posibilidad de un sin número de página destinadas a compartir archivos entre personas, cerrará, sin duda, el control que, desde finales del siglo XIX, momento de creación de los cilindros, tuviera la industria de la música. La modernidad, creadora del disco, será también una intermediaria entre los usuario y la música. Por supuesto, la industria no se quedó atrás y se adecuó al nuevo momento, vendiendo música también en forma digital, pero esto no hubiera pasado sin la llegada de Napster, motor de cambio tecnológico, y a la vez impulsor del cierre de este tercer momento.

Bibliografía

BENJAMIN, Walter (2008). “La obra de arte en la época de su reproducción mecanizada”. Las obras, Libro 1 volumen 2, Walter Benjamin. España: Abada editores. p. 323-354.

Briggs, Asa, y Peter Burke (2002). De Gutenberg a internet. Una historia social de los medios de comunicación. México: Taurus.

DAY, Timothy (2002). Un siglo de música grabada. Madrid: Alianza.

YÚDICE, George (2007). Nuevas tecnologías. Música y experiencia. Barcelona: Gedisa S.A.

Notas

[1] http://dle.rae.es/srv/search?m=30&w=grabaci%C3%B3n.

[2] El arribo del casete marca una transición tecnológica, dentro de los soportes analógicos. No se quiere decir con esto que fue una experiencia compartida, en algunos contextos el cambio no ocurrió, entre otras cosas por la diferencia en el acceso al mercado de las grabaciones, así como por el gasto de dinero, lo cual limita que en todos los contextos se hayan dado las mismas experiencias. Pero se marca una tendencia, importante.

[3] El mundo digital, y más el concreto el Mp3, marca un proceso de no relación con el soporte de forma física, no es extraño si se compra la experiencia anterior: los cilindros, los lps, el casete, y el cd, siendo este soporte tangible, pese a que su música está en forma digital.

Aldebarán Vásquez Grueso (Cali, Colombia, 1986). Licenciado en Historia, Universidad del Valle, Cali, Colombia; Ex pasante del Fondo Diario Occidente, Biblioteca Departamental, Santiago de Cali, Colombia. Ex becario Conacyt para estudios de la Maestría en Arqueología, Colegio de Michoacán, A.C. México. Actualmente es becario AUIP en la Universidad Pontificia  Católica de Valparaíso, Chile, Doctorado en Historia. Sus temas de interés son la cerámica con decoración al negativo, la transmisión tecnológica de ésta técnica prehispánica, así como las relaciones existentes entre la  música grabada, los oyentes  y la industria del disco en la época contemporánea.

Deja un comentario